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Francisco: «Este mundo necesita bendición»

Durante la audiencia general de este miércoles, la primera del mes de diciembre, el Papa Francisco ha continuado su catequesis sobre la oración, profundizando esta vez en la bendición, «una dimensión esencial de la oración», tal y como ha indicado.

Citando el libro del Génesis, el Papa ha explicado que «Dios continuamente bendice la vida. Bendice a los animales, bendice al hombre y a la mujer, finalmente bendice el sábado, día de reposo y del disfrute de toda la creación». El Pontífice ha subrayado que a pesar de que la belleza de la obra de Dios se alterará porque el ser humano será capaz de difundir en el mundo el mal y la muerte, «nada podrá borrar la primera huella de Dios, una huella de bondad que Dios ha puesto en el mundo, en la naturaleza humana, en todos nosotros: la capacidad de bendecir y el hecho de ser bendecidos» y ha insistido en que « la esperanza del hombre reside en la bendición».

El Pontífice ha recordado que «la gran bendición de Dios es Jesucristo, es su gran regalo, su hijo. Es una bendición para toda la humanidad, es una bendición que nos ha salvado a todos». El Papa ha explicado que «no hay pecado que pueda borrar completamente la imagen de Cristo presente en cada uno de nosotros. Ningún pecado puede borrar la imagen que Dios nos ha dado. La imagen de Cristo. Puede desfigurarlo, pero no puede apartarlo de la misericordia de Dios. Un pecador puede permanecer en sus errores por mucho tiempo, pero Dios pacientemente perdura hasta el final, esperando que al final ese corazón se abra y cambie. Dios es como un buen padre y como una buena madre, también es una buena madre: nunca dejan de amar a su hijo, no importa lo equivocado esté».

Además, el Papa subraya el hecho de que « a los ojos de Dios, una persona nunca puede ser considerada como irrecuperable porque la gracia de Dios cambia la vida: nos toma como somos, pero nunca nos deja como estamos». Y ha puesto como ejemplo la experiencia de las personas que están en prisión o en rehabilitación, una experiencia que busca, afirma Francisco, «hacer sentir a las personas que permanecen bendecidas a pesar de sus graves errores, que el Padre Celestial sigue amándolas y esperando que finalmente se abran al bien».

Finalmente, Francisco ha asegurado que «si nos preocupáramos por bendecir a los demás, seguramente no habría guerras», y concluye: «este mundo necesita bendición y podemos dar la bendición y recibir la bendición. El Padre nos ama. Y todo lo que nos queda es el gozo de bendecirlo y el gozo de agradecerle y aprender de él no a maldecir sino a bendecir».

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