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Francisco, en el Ángelus: «Una fe sin gratuidad es una fe incompleta, débil y enferma»

«Una fe sin don, una fe sin gratuidad es una fe incompleta, es una fe débil, una fe enferma. Podríamos compararla con un alimento rico y nutritivo que carece de sabor, o con un partido más o menos bien jugado, pero sin goles». Lo ha dicho el Papa Francisco este domingo, 10 de octubre, en su comentario al evangelio dominical previo a la oración mariana del Ángelus. La lectura de Marcos (Mc 10, 22) narra el episodio en el que un hombre que «tenía muchos bienes» y que ha pasado a la historia como «el joven rico» pregunta a Jesús qué ha de hacer para ganar la vida eterna.

Cuando la fe es una moneda de cambio estamos muy mal encaminados

Desde la ventana del apartamento papal y ante los numerosos fieles congregados en la Plaza de San Pedro, Francisco ha enseñado que la fe «no es un rito frío y mecánico», sino «una cuestión de libertad y amor». No es una moneda de cambio, es decir, «un hago esto para obtener lo otro». «Si es principalmente un deber o una moneda de cambio, estamos muy mal encaminados —ha dicho—, porque la salvación es un don y no un deber, es gratuita y no se puede comprar». «Lo primero que hay que hacer —ha insistido— es deshacerse de una fe comercial y mecánica, que insinúa la falsa imagen de un Dios contable, un Dios controlador, no un padre».

El Papa ha dicho que este pasaje nos permite hacer a nosotros hoy «un test» sobre nuestra fe. Al hombre del Evangelio, al que Jesús pide que dé a los pobres lo que tiene y le siga, le faltó «el don de la gratuidad». «Esto es lo que quizás también nos falta a nosotros», ha lamentado. «A menudo hacemos lo mínimo indispensable, mientras que Jesús nos invita a hacer lo máximo posible. ¡Cuántas veces nos conformamos con los deberes —los preceptos, alguna oración y muchas cosas así—, mientras Dios, que nos da la vida, nos pide impulsos de vida!». «La fe —ha añadido— no puede limitarse a los noes, porque la vida cristiana es un sí, un sí de amor».

Beatificaciones

El Santo Padre ha expresado también su alegría por sendas beatificaciones acaecidas en las últimas horas: la de María Lorenza Longo, ayer en Nápoles, una esposa y madre de familia del siglo XVI que tras enviudar fundó en esa ciudad el Hospital de los Incurables y las Clarisas Capuchinas; y la del sacerdote Francesco Mottola, fundador de los Oblatos y Oblatas del Sagrado Corazón, fallecido en 1969 y elevado a los altares esta misma mañana en Tropea (Calabria).

Francisco ha recordado por último este domingo, en que se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, «a los hermanos y hermanas que padecen trastornos mentales y también a las víctimas, a menudo jóvenes, del suicidio». «Recemos por ellos y sus familias, para que no se les deje solos ni se les discrimine, sino que sean acogidos y apoyados», ha pedido.



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