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Francisco, en el Ángelus: «No basta la lámpara de la fe, también hace falta el aceite de la caridad y las buenas obras»

«No basta la lámpara de la fe, también se necesita el aceite de la caridad y las buenas obras. La fe que verdaderamente nos une a Jesús es la que, como dice el apóstol Pablo, “actúa por la caridad” (Ga 5, 6)». Esto es lo que ha dicho este domingo 8 de noviembre el Papa Francisco al comentar el Evangelio de Mateo (Mt 25, 1-13) correspondiente al día de hoy, que invita a reflexionar sobre la vida eterna a través de la narración de la parábola de las diez vírgenes invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del Reino de los cielos.

El Santo Padre ha recordado a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus que en tiempos de Jesús era costumbre celebrar las bodas por la noche y que, por tanto, el cortejo de los invitados debía hacerse con las lámparas encendidas. En la  narración de la parábola, algunas damas de honor (las necias) llevan lámparas, pero no el aceite necesario para que luzcan, mientras que otras (las prudentes) sí lo cogen. El novio tarda en llegar y todas se adormilan. Cuando por fin una voz advierte que el novio está llegando, las primeras advierten el olvido y se piden el aceite a las segundas, que les responden que no pueden dárselo, porque no habría suficiente para todas. Mientras las necias van a comprarlo, llega el novio, y las muchachas prudentes entran con él al banquete, cerrándose después la puerta. Las otras llegan demasiado tarde y son rechazadas.

«Con esta parábola —explica el Papa— Jesús quiere decirnos que debemos estar preparados para el encuentro con Él. No solo para el encuentro final, sino también para el compromiso diario en vista de ese encuentro, para el cual no basta la lámpara de la fe, también se necesita el aceite de la caridad y las buenas obras. La fe que verdaderamente nos une a Jesús es la que, como dice el apóstol Pablo, “actúa por la caridad” (Ga 5, 6). Esto es lo que representa la actitud de las muchachas prudentes».

Francisco ha lamentado que hoy nos olvidemos de «la meta de nuestra vida», que no es otra que «la cita definitiva con Dios», y que se absolutice el presente, perdiendo el sentido de la espera. «Esta actitud excluye cualquier perspectiva del más allá: hacemos todo como si nunca tuviéramos que partir para la otra vida. Y entonces solo nos preocupa poseer, emerger, tener una buena colocación…».

«Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más atractivo, por la búsqueda de nuestros intereses —añade el Papa—, nuestra vida se vuelve estéril; no acumulamos reservas de aceite para nuestra lámpara, y se apagará antes del encuentro con el Señor. Tenemos que vivir el hoy, pero el hoy que va hacia el mañana, cargado de esperanza. Si, por el contrario, estamos atentos y hacemos el bien correspondiendo a la gracia de Dios, podemos esperar serenamente la llegada del novio. El Señor también puede venir mientras dormimos: esto no nos preocupa, porque tenemos la reserva de aceite acumulada con las buenas obras de cada día».

Preocupación por la situación en Centroamérica y Etiopía

A la conclusión de la oración mariana, el Papa ha pedido a los fieles un aplauso para el joven y valiente mártir catalán Joan Roig, asesinado en 1936 en la guerra civil española, beatificado ayer en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Igualmente, ha expresado su preocupación por la situación que se vive en Centroamérica tras el paso del huracán Eta —«que ha causado numerosas víctimas e ingentes daños, que agravan la situación ya difícil de la pandemia»— y en Etiopía, amenazada de conflicto armado fratricida, a cuyos actores implicados ha pedido «respeto», «diálogo y recomposición pacífica de las discordias».

Ha expresado asimismo el Santo Padre su deseo de que tengan éxito las reuniones del «Foro de diálogo político sobre Libia» que se inician hoy; que «se encuentre una solución al continuado sufrimiento» de este pueblo; y que «el reciente acuerdo de alto al fuego permanente sea respetado y concretado».

Por último, ha recordado también, al hilo de la celebración hoy en Italia de una jornada de acción de gracias sobre «El agua, bendición de la tierra», que el líquido elemento es vital para la agricultura y para la vida. «Me siento muy cercano al mundo rural, especialmente a los pequeños agricultores, cuyo trabajo es importante en estos tiempos de crisis. Me asocio a los obispos italianos que invitan a salvaguardar el agua como bien común, cuyo uso debe respetar su destino universal».

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