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El Papa Francisco en el Ángelus: «La Eucaristía no es el premio de los santos sino el pan de los pecadores»

En la solemnidad del cuerpo y la sangre de Cristo, el Corpus Christi, Francisco se dirigió a los fieles de todo el mundo y a los congregados en San Pedro, cada vez más numerosos gracias a la menor incidencia de la covid-19, para explicar el Evangelio según San Marcos que nos presenta el relato de la Última Cena (Mc 14, 12-16, 22-26).  «Las palabras y los gestos del Señor nos tocan el corazón».

Jesús nos da el mayor sacramento

«Jesús nos da el mayor sacramento» con «un gesto humilde de donación, de compartir». Y puso de manifiesto que «en la culminación de su vida, no reparte pan en abundancia para alimentar a las multitudes, sino que se parte a sí mismo en la cena de la Pascua con los discípulos». A lo que añadió: «De este modo, Jesús nos muestra que el objetivo de la vida es el donarse, que lo más grande es servir».

De manera que – prosiguió el Papa – «hoy encontramos la grandeza de Dios en un trozo de pan, en una fragilidad que desborda de amor». «Fragilidad es precisamente la palabra que me gustaría subrayar». «Jesús se hace frágil como el pan que se rompe y se desmigaja. Pero precisamente ahí radica su fuerza. En la Eucaristía la fragilidad es fuerza: fuerza del amor que se hace pequeño para ser acogido y no temido; fuerza del amor que se parte y se divide para alimentar y dar vida; fuerza del amor que se fragmenta para reunirnos en la unidad».

La fuerza de amar a quien se equivoca

El Santo Padre explicó que «hay otra fuerza que destaca en la fragilidad de la Eucaristía: la fuerza de amar a quien se equivoca». Al recordar que fue «en la noche en que fue traicionado que Jesús nos da el Pan de Vida», Francisco dijo que «nos hace el mayor regalo mientras siente en su corazón el abismo más profundo: el discípulo que come con él, que moja su bocado en el mismo plato, lo está traicionando».

Y la traición es el mayor dolor para los que aman

Ante la pregunta acerca de lo que hace Jesús en esta circunstancia, Francisco dijo que «reacciona ante el mal con un bien mayor». Porque «al “no” de Judas responde con el “sí” de la misericordia». Además, el Señor «no castiga al pecador, sino que da su vida por él». Por esta razón explicó que: «Cuando recibimos la Eucaristía, Jesús hace lo mismo con nosotros.  Nos conoce, sabe que somos pecadores y que cometemos muchos errores, pero no renuncia a unir su vida a la nuestra».

Jesús sabe que lo necesitamos

En efecto, el Señor «sabe que lo necesitamos» – dijo el Papa –.  «Cada vez que recibimos el Pan de Vida, Jesús viene a dar un nuevo sentido a nuestras fragilidades» . «Nos recuerda que a sus ojos somos más valiosos de lo que pensamos. Nos dice que se complace si compartimos con Él nuestras fragilidades. Nos repite que su misericordia no teme nuestras miserias. «Nos cura con amor de aquellas fragilidades que no podemos curar por nosotros mismos, como la de sentir resentimiento hacia quienes nos han hecho daño; la de distanciarnos de los demás y aislarnos en nuestro interior; la de llorar sobre nosotros mismos y quejarnos sin encontrar la paz».

La Eucaristía es una medicina eficaz

Por esta razón afirmó que «la Eucaristía es una medicina eficaz contra estas cerrazones. El Pan de Vida, de hecho, cura las rigideces y las transforma en docilidad. La Eucaristía sana porque nos une a Jesús: «nos hace asimilar su manera de vivir, su capacidad de partirse y entregarse a los hermanos, de responder al mal con el bien».

Hacia el final de su alocución, y antes de rezar a la Madre de Dios con los fieles y peregrinos que, distanciados prudentemente, seguían sus enseñanzas en la Plaza de San Pedro, el Papa se refirió a «la lógica de la Eucaristía», que es la que nos permite recibir «a Jesús que nos ama y sana» para concluir pidiendo que nos acojamos a la Santísima Virgen, «en quien Dios se hizo carne» para acoger con «corazón agradecido el don de la Eucaristía y a hacer también de nuestra vida un don».



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