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Opinión

Francisco, el primer papa americano, por Teresa García-Noblejas

Francisco, el primer papa americano, por Teresa García-Noblejas

Tras 26 horas de cónclave, el mundo ha recibido una esperada noticia: la elección del sucesor de Benedicto XVI y, por tanto, vicario de Cristo, la roca firme sobre la que se asienta la Iglesia católica.

En un mundo secularizado en el que se nos hace creer que la fe es algo superado y los católicos son marginales, la expectativa ha sido máxima, con más de 5.000 periodistas acreditados en Roma. Y pasados unos minutos de las 19 h. del 13 de marzo la fumata era blanca anunciando que ya había Papa. Y pasadas las 20, 00 h. el mundo se convulsionaba con una noticia inesperada para periodistas, eclesiásticos y fieles: Jorge Mario Bergoglio, cardenal de Buenos Aires, era el nuevo timonel de la barca, el sucesor del pescador de Galilea con el nombre de Francisco.

Antes de conocerse la identidad del nuevo Papa el pueblo fiel, ajeno a las supuestas intrigas aireadas por los medios y congregado en la plaza de San Pedro, le vitoreaba. Y es que Bergoglio es ahora Pedro, el que confirma en la fe a sus hermanos.

Un obispo español se ha referido al papa Francisco (a quien conoce personalmente) como un «perfil de santo». Es tiempo de santos, de testigos, de reformadores, personas coherentes que continúen la labor desarrollada en las últimas décadas por los papas del siglo XX e inicios del XXI.

El papa Francisco nos ha puesto a rezar como primer signo de su pontificado. Un hombre austero y cercano, dicen los cronistas; en él confluyen el legado evangelizador de América (forjado durante cinco siglos por misioneros laicos y religiosos), el espíritu ignaciano (sentir con la Iglesia) de la Compañía de Jesús a la que pertenece y su evidente proximidad a Juan Pablo II y Benedicto XVI.

«Francisco, ve y repara mi iglesia», escuchó el santo de Asís en la plenitud medieval. «Apacienta mis ovejas», le dijo Jesús a Pedro. «No olvides que eres el sucesor de un pescador y no del emperador Constantino», recordaba San Bernardo al papa Eugenio III en el siglo XII. Sin duda, esta llamada la ha escuchado hoy Jorge María Bergoglio, desde hoy Francisco, vicario de Cristo. Y a nosotros solo nos queda proclamar ¡Tú eres Pedro!

Teresa García-Noblejas

 

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