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Francisco: «El mundo nos ve conservadores o progresistas, el Espíritu ve hijos de Dios»

«El  mundo nos ve conservadores o progresistas, con esta ideología, con esta otra. El Espíritu ve hijos de Dios». Así lo ha manifestado esta mañaña el Papa Francisco durante la homilía de Pentecostés, que ha sido una llamada a la unidad en la diversidad. Una pluralidad que está, en primer lugar, en la Iglesia. «¿Qué es lo que nos une? entre nosotros hay diferencias de opinión, de elección, de sensibilidad. La tentación está en querer defender a capa y espada las propias ideas, considerándolas válidas para todos, y llevarse bien solo con aquellos que piensan igual», ha dicho Francisco.

En sus palabras, el Santo Padre ha destacado que, en esta diversidad, la unidad es proporcionada por el Espíritu Santo. «Él viene a nosotros a pesar de las diferencias y miserias, para manifestar que tenemos un solo Señor, un solo Padre, y por esta razon somos hermanos y hermanas», ha expresado el Papa.

Además, ha destacado que, para el Espíritu, «no somos confeti llevado por el viento, sino teselas irremplazables en su mosaico». También ha señalado que el Espíritu Santo desborda nuestros planes: «El Espíritu reaviva e impulsa más allá de lo que fue dicho y fue hecho. Más allá de los ámbitos de una fe tímida y la desconfianza. En el mundo todo se viene abajo sin una planificación solida y una estrategia calculada, en la Iglesia, por el contrario, el Espíritu es quien garantiza la unidad a quien anuncia».

Los tres obstáculos para donarnos

El Papa ha hecho recuento de tres tentaciones muy presentes en la sociedad que «nos impiden donarnos». Estas son, en sus palabras, «el narcisismo, el victimismo y el pesimismo, los tres enemigos del don». El primero: «El narcisismo lleva a la idolatría de sí mismo y buscar el propio beneficio solo, no admitir fragilidades y errores».

El segundo: «El victimismo es peligroso. El victimista está siempre quejándose cada día de los demás, «nadie me entiende, nadie me ayuda, nadie me ama». ¡Cuántas veces hemos escuchado estas quejas! Y su corazón se cierra mientras se pregunta por qué los demás no se donan a él».

Y el tercero: «El pesimismo. Aquí la letanía diaria es que todo está mal, la sociedad, la política, la Iglesia… El pesimista arremete contra el mundo entero, pero permanece apático y piensa, «¿de qué sirve darse?». Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, ¡qué dañino es el pesimismo!».

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