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Francisco, en el Domingo de Ramos: No basta con admirar a Jesús, hay que seguir su camino

Esta mañana el Papa Francisco ha lamentado que los cristianos hayamos perdido «la capacidad de asombrarnos» ante el amor de Dios. Y ha dicho que no es suficiente con admirar a Jesús, sino que «es necesario seguir su camino, dejarse cuestionar por Él, pasar de la admiración al asombro». «Hoy hay muchos que admiran a Jesús, porque habló bien, porque amó y perdonó, porque su ejemplo cambió la historia. Lo admiran, pero sus vidas no cambian», ha denunciado. Francisco ha dicho que la pérdida del asombro por su mensaje de amor se debe, tal vez, a que «nuestra fe ha sido corroída por la costumbre», a que «permanecemos encerrados en nuestros remordimientos y nos dejamos paralizar por nuestras frustraciones», y a que «hemos perdido la confianza en todo y nos creemos incluso fracasados». Pide, por ello, que en esta Semana Santa que hoy comienza «levantemos la mirada hacia la Cruz para recibir la gracia del estupor».

Francisco ha celebrado la Eucaristía del Domingo de Ramos en el altar de la Cátedra de la basílica de San Pedro ante un limitado número de fieles a causa de las limitaciones de aforo derivadas de la covid-19. En su homilía, el Santo Padre ha subrayado que en Semana Santa nos acompaña siempre un sentimiento profundo que pasa de la alegría de acoger a Jesús que entra triunfante en Jerusalén, al dolor de verlo condenado a muerte y crucificado. La gente esperaba celebrar la victoria sobre los romanos con la espada, pero Jesús viene a celebrar la victoria de Dios con la cruz. «¿Qué le sucedió a aquella gente, que en pocos días pasó de aclamar con hosannas a Jesús a gritar “crucifícalo”?», se ha preguntado. «En realidad —ha dicho— aquellas personas seguían más una imagen del Mesías, que al Mesías real. Admiraban a Jesús, pero no estaban dispuestas a dejarse sorprender por Él».

El triunfo de Jesús está en acoger el dolor y la muerte

El asombro, dice el Papa, es distinto de la simple admiración. La admiración puede ser mundana, porque busca los gustos y las expectativas de cada uno; en cambio, el asombro permanece abierto al otro, a su novedad. «Y qué es lo que más sorprende del Señor y de su Pascua?», pregunta. El hecho de alcanzar la gloria «por el camino de la humillación». «El triunfa acogiendo el dolor y la muerte, que nosotros, rehenes de la admiración y del éxito, evitaríamos».

Pero, ¿por qué actúa Jesús así, contra toda lógica humana? «Lo hizo —enseña el Papa— por nosotros, para tocar lo más intimo de nuestra realidad humana, para experimentar toda nuestra existencia, todo nuestro mal. Para acercarse a nosotros y no dejarnos solos en el dolor y en la muerte. Para recuperarnos, para salvarnos. Jesús subió a la cruz para descender a nuestro sufrimiento. Probó nuestros peores estados de ánimo: el fracaso, el rechazo de todos, la traición de quien le quiere e, incluso, el abandono de Dios. Experimentó en su propia carne nuestras contradicciones más dolorosas, y así las redimió, las transformó».

Gracias a que Jesús se acerca con su amor a nuestra fragilidad, ahora sabemos que no estamos solos, que Dios está con nosotros en nuestros miedos y sufrimientos. «Ningún mal, ningún pecado tiene la última palabra. Dios vence, pero la palma de la victoria pasa por el madero de la cruz. Por eso las palmas y la cruz están juntas».

«Volvamos a comenzar desde el asombro»

El Papa invita a los cristianos a contemplar a Jesús con los ojos del amor que Él nos manifestó. «Volvamos a comenzar desde el asombro», ha pedido. «Dejémonos sorprender por Jesús para volver a vivir, porque la grandeza de la vida no está en tener o en afirmarse, sino en descubrirse amados. Y en la belleza de amar», ha recordado.

Francisco se ha referido también a la que ha calificado como «la imagen más hermosa del estupor»: el reconocimiento de Jesús como «hijo de Dios» por parte del centurión a los pies de la cruz (Mc 15,39). «Lo había visto morir amando. Sufría, estaba agotado, pero seguía amando», ha dicho. Y a continuación ha recordado cómo muchos otros en el Evangelio habían admirado antes a Jesús por su milagros y prodigios y lo habían reconocido como Hijo de Dios, pero que Cristo mismo los mandó callar «porque existía el riesgo de quedarse en la admiración mundana». «Ahora ya no —dice el Papa—, ante la cruz no hay lugar a malas interpretaciones. Dios se ha revelado y reina solo con la fuerza desarmada y desarmante del amor».

Francisco ha concluido su homilía con estas palabras: «Hoy Dios continúa sorprendiendo nuestra mente y nuestro corazón. Dejemos que este estupor nos invada, miremos al Crucificado y digámosle también nosotros: “Realmente eres el Hijo de Dios. Tú eres mi Dios”».



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