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Audiencia General 10 de marzo
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Francisco, durante la audiencia general: «El pueblo irakí tiene derecho a vivir en paz»

El Papa Francisco ha querido dedicar su audiencia general de esta mañana a reflexionar acerca de su viaje apostólico a Irak, que tuvo lugar del 5 al 8 de este mes. «El pueblo iraquí tiene derecho a vivir en paz, tiene derecho a encontrar la dignidad que le pertenece» ha dicho Francisco durante su alocución, recordando su visita a la tierra de Abrahán.

El Pontífice ha recordado que «mesopotamia es cuna de civilización; Bagdad ha sido en la historia una ciudad de importancia primordial, que albergó durante siglos la biblioteca más rica del mundo. ¿Y qué la destruyó? La guerra» y ha insistido en que «la respuesta no es la guerra, la respuesta es la fraternidad. Este es el desafío para Irak. Es el desafío para tantas regiones de conflicto y, en definitiva, es el desafío para el mundo entero. ¿Seremos capaces nosotros de hacer fraternidad entre nosotros, de hacer una cultura de hermanos? ¿O seguiremos con la lógica iniciada por Caín, la guerra? Fraternidad, fraternidad».

Durante su intervención en la biblioteca del Palacio Apostólico, Francisco ha asegurado que «sentí con fuerza el sentido penitencial de esta peregrinación: no podía acercarme a ese pueblo atormentado, a esa Iglesia mártir, sin tomar sobre mí, en nombre de la Iglesia católica, la cruz que ellos llevan desde hace años». Y ha explicado que  «lo sentí de forma particular viendo las heridas todavía abiertas de las destrucciones, y más todavía encontrando y escuchando a los testigos supervivientes de la violencia, la persecución, el exilio… Y al mismo tiempo vi en torno a mí la alegría de acoger al mensajero de Cristo; vi la esperanza de abrirse a un horizonte de paz y de fraternidad».

Además, el Papa ha explicado que durante este viaje tuvieron un recuerdo especial para las 48 personas que fueron asesinadas en 2010 en la catedral siro-católica de Bagdad durante la celebración de la misa y ha insistido en que, a pesar de que la Iglesia en Irak es una Iglesia mártir, «resonó la alegría del encuentro: mi asombro de estar en medio de ellos se fusionaba con su alegría de tener al Papa con ellos».

Mostrándose agradecido por haber podido realizar este viaje, y hacer realidad un proyecto de san Juan Pablo II, Francisco ha recordado que a pesar de la destrucción y de las armas, «en Irak, las palmas, símbolo del país y de su esperanza, han seguido creciendo y dando fruto. Así sucede con la fraternidad: como el fruto de las palmas no hace ruido, pero es fructífera y nos hace crecer», ha concluido.



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