Cuadro que se encuentra en el claustro de la Universidad Pontificia de Salamanca -antiguo Colegio Real de la Compañia de Jesús. Su autor es Sebastian Conca (1679 - 1764)
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Francisco de Borja: «No servir a señor que se me pueda morir»

Hoy, memoria litúrgica de san Francisco de Borja, recordamos la frase de san Ignacio de Loyola que refleja lo que suponía que el Duque de Gandía y Virrey de Cataluña entre 1539 y 1543, Francisco de Borja, fuera admitido en la Compañía de Jesús: «El mundo no tiene orejas para oír tal estampido».

Francisco de Borja y Aragón nació en Gandía en 1510. Fue un hombre aupado (o quizás lastrado) por su apellido. Era por línea paterna bisnieto del Papa Alejandro VI. En 1546 muere su esposa, Leonor de Castro, con quien había contraído matrimonio en 1529. Con 36 años queda viudo con ocho hijos. Dicen que desde que viera el rostro descompuesto de la emperatriz Isabel de Portugal, después del traslado de su cuerpo de Toledo a Granada, la vida le dio un vuelco. Tenía 29 años. El viaje interior que culminaría con su entrada en la Compañía de Jesús ciertamente había empezado años antes, dicen que motivado por este momento de desengaño. Con estas palabras respondía Ignacio de Loyola a su petición de entrada en la Compañía de Jesús aprobada hacía apenas seis años:
“Y así en el nombre del Señor yo acepto y recibo desde ahora a Vuestra Señoría por nuestro hermano, y como a tal le tendrá siempre mi alma aquel amor que se debe a quien con tanta liberalidad se entrega en la casa de Dios para en ella perfectamente servirle”. (Carta de Ignacio de Loyola a Francisco de Borja, Duque de Gandía. Roma, 9 de octubre de 1546).Ignacio le pide en la misma carta que “entretanto que estas cosas se concluyen (…) holgaría yo que, y espero que dello Dios se servirá, que aprenda y estudie muy de propósito la teología, y si se puede, querría que en ella se graduase de doctor en esa universidad de Gandía, y esto con mucho secreto por ahora (porque el mundo no tiene orejas para oír tal estampido), hasta que el tiempo y las ocasiones nos den, con el favor de Dios, entera libertad”.

Esta libertad llegaría en 1551 cuando, junto con su ordenación sacerdotal, se da a conocer su pertenencia a la nueva orden. Pero el apellido pesa y en abril de 1552 Ignacio se entera de que Carlos V había pedido al Papa Julio III que nombrase a Borja Cardenal. El de Loyola mueve todas sus fichas para que esto no suceda. El asunto aflora de nuevo en el año 1554 y esta vez es el mismo Francisco de Borja quien maniobra en contra de tal decisión. Hacía años había jurado “no servir a señor que se le pudiera morir”. En 1565, tras el generalato del también español Diego Laínez, sería elegido tercer Prepósito General de la Compañía de Jesús.
“De estar seca la tierra se viene a secar la flor del árbol y después el fruto, y así, de estar seca nuestra alma en la oración y ejercicios espirituales, viene a secarse la flor y fruto espiritual. Por no estar ella ejercitada en la meditación e imitación de Cristo crucificado, viene no sólo la tibieza en el padecer, más aún la impaciencia. De no tratar en la oración muy a menudo del propio conocimiento y de la vileza del hombre, sale la propia estimación y el menosprecio del prójimo”. (San Francisco de Borja, Carta 717, abril de 1569 a toda la Compañía).

Antonio Francisco Bohórquez Colombo, SJ

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