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Francisco Cerro: «En Guadalupe todos somos acogidos, a todos se nos abraza»

«Que Guadalupe se convierta en un auténtico pulmón de esperanza». Con esta invitación, comenzó el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, su homilía en la apertura del Año Jubilar Guadalupense este domingo en el real Monasterio de Santa María de Guadalupe en Cáceres.

«En unas circunstancias y unos momentos extraños; por lo menos, difíciles», ha subrayado Cerro en referencia a la actual situación sociosanitaria, «la devoción mariana y el amor a la Virgen María», peregrinar se convierte en «“la alegría de las alegrías”. Se trata del lugar donde queremos llegar desde cualquier lugar; nos ponemos en camino hacia la casa de la Madre».

El arzobispo de Toledo ha explicado las características del amor materno para indicar que «todos somos acogidos y donde a todos se nos abraza». La Virgen de Guadalupe será «un pulmón» que nos ayudará «a respirar esperanza en los momentos nada fáciles que nos toca vivir». «Este es un lugar donde siempre se nos quiere, donde siempre se nos perdona y donde siempre encontramos la esperanza cierta de un amor incondicional».

La ceremonia ha sido presidida por el arzobispo de Toledo, que ha estado acompañado por los obispos de la provincia eclesiástica de Mérida Badajoz: Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz; José Luis Retana, obispo de Plasencia y Diego Zambrano, administrador diocesano de Coria-Cáceres. También ha participado el obispo emérito de Segovia, Ángel Rubio, oriundo de la Puebla de Guadalupe.

Además, han asistido más de 70 sacerdotes y miembros de la comunidad franciscana que atienden el Monasterio; entre ellos el provincial de España, Juan Carlos Moya, OFM y el guardián del Monasterio, Guillermo Cerrato, OFM.

El Año Santo Guadalupense se festeja cada vez que el 6 de septiembre coincide en domingo, día de la fiesta litúrgica de Ntra. Sra. de Guadalupe, tal como determinó el Papa san Pio X. En esta ocasión, finalizará el 8 de septiembre de 2021 y coincide con el 25 aniversario de la declaración del monasterio extremeño como patrimonio de la humanidad y, también, con el centenario del nacimiento del primer Papa que visitó el Monasterio, San Juan Pablo II (1920).

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