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Francisco Castro: «La vida es bondad, belleza, y verdad. El amor es el interruptor que las enciende y abraza»

Francisco Castro, sacerdote franciscano, ha realizado una entrevista con los compañeros de “El Correo Gallego”, donde habla sobre su experiencia y las vivencias que deja el Camino de Santiago.

El franciscano explica que le gusta residir en O Cebreiro «porque es un lugar especial, en lo alto de la montaña, cerca del cielo, abrazados por la naturaleza autóctona de nuestra amada Galicia, puerta de entrada del Camino Francés a nuestra tierra, con un Santuario que es espacio de encuentro y oración desde hace 1000 años, que es más que un conjunto de piedras colocadas armoniosamente; es un espacio sagrado a través del cual reconectamos con la esencia de la vida, con el amor que sustenta el mundo. Dios es amor».

Defiende que en el Camino de Santiago «hay que aplicarle aquello de ven y verás. Solo se puede conocer experimentándolo en propia persona. Es muy difícil traducirlo en palabras, las cosas más hermosas, las vivencias más profundas de la vida no se pueden traducir en palabras, porque estas son instrumentos insuficientes para poder abarcar toda la significación. Es una experiencia, como bien dices, catártica, es una pedagogía, es un bálsamo que cura heridas del alma. Es una demostración de que el ser humano, con humildad, paseniñamente, puede alcanzar las metas que dibuja en el horizonte. En realidad, el Camino de Santiago es todo un símbolo, porque la vida misma es un camino. En ese sentido, es un laboratorio de experimentación de lo mejor que la condición humana puede llegar a ofrecer».

Sobre si el amor está en crisis, Francisco Castro explica que «mientras exista una sola persona que ame, no estará en crisis, porque es contagioso, porque es la vacuna que puede curar tanto egoísmo y maldad. Sí, estoy convencido, el amor es la fuerza que sostiene el mundo. Hay muchas formas o modalidades de amar, para mí, la más sublime, es la de la amistad. Es cierto que el mundo está regido por intereses personales o corporativistas, pero realmente lo que sustenta el mundo es el amor. Hay una pugna entre el amor y el egoísmo, dentro de cada persona. A quien alimentes, darás vida y fuerza; de ti depende. Es cierto que las circunstancias nos condicionan, pero tenemos la capacidad de tomar decisiones sobre hacia dónde orientar nuestra vida, qué camino seguir… y la flecha amarilla que nos orienta es el amor».

El franciscano defiende que Santiago es el camino donde empieza la vida porque «hay cosas esenciales de la vida que no se nos enseñan, sino que vamos aprendiendo a golpe de vida. Y en realidad el verdadero reto no es el Camino de Santiago, sino la vida misma, entendida como un camino que hay que recorrer a fuerza de amor y esperanza hacia un horizonte incierto; pero, mientras vamos de camino, aprovechemos el momento, como un instante que conforma el pentagrama de la sinfonía del amor eterno. Necesitamos también recuperar el sentido poético de la vida. La vida es bondad, belleza, y verdad. El amor es el interruptor que las enciende y abraza».



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