Editoriales Ecclesia

Francisco y Benedicto XVI ofrecen un nuevo testimonio de eclesialidad – editorial Ecclesia

Francisco y Benedicto XVI ofrecen un nuevo testimonio de eclesialidad – editorial Ecclesia

En sus páginas 39-40 y 42,  ecclesia recoge hoy la celebración de los 65 años de la ordenación sacerdotal del Papa emérito Benedicto XVI. Su flamante sucesor, el Papa Francisco  quiso presidir la correspondiente conmemoración, en la que se presentó un libro con escritos sacerdotales de Joseph Ratzinger.  El acto concluyó con los discursos de Francisco y de Benedicto XVI.

Esta celebración en sí misma, sus gestos y desarrollo y los discursos allí pronunciados nos permiten entender la extraordinaria lección de eclesialidad que Francisco y Benedicto XVI nos han brindado una vez más. En la Iglesia, solo hay un Papa (ahora Francisco). Benedicto XVI lo fue y ahora sirve a la Iglesia desde su jubilación, oración y ofrenda de su ancianidad, sabiduría y discreción.

A los tres días de hacer pública su renuncia, en un encuentro, el jueves 14 de febrero de 2013, con los sacerdotes de Roma, Benedicto XVI realizó una significativa declaración de intenciones al respecto: “Aunque ahora me retiro, estoy siempre cerca de todos vosotros en la oración, y estoy seguro de que también vosotros estaréis cercanos a mí, aunque para el mundo estaré oculto”. Nosotros nunca dudamos que así sería. Y aunque hemos tenido noticias e imágenes de él y se han seguido editando libros suyos, Benedicto XVI ha sido fiel a su palabra, como tantos y tantos estábamos seguros de que iba a ocurrir. Es más, hasta estamos convencidos de que él mismo hubiera preferido incluso una menor notoriedad de la que, en mayor o en menor medida, se ha producido sobre su persona en estos cuarenta meses, aun cuando, por otro lado, es también lógico el que la Iglesia vaya teniendo informaciones sobre él cada cierto tiempo, máxime por el afecto que suscitó, por la importancia de su legado y por su más que avanzada edad (cumplió 89 años el pasado 16 de abril).

La renuncia de Benedicto XVI abrió en la historia y en la vida de la Iglesia una nueva etapa en muchos sentidos. Uno de ellos fue y sigue siendo el inédito hecho de que junto a un Papa en ejercicio viva, y además muy próximo físicamente (en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro del Estado de la Ciudad de Vaticano), su antecesor.  Son, además, evidentes de todo punto las diferencias notables entre las personalidades  y los acentos y subrayados ministeriales de ambos. Pero de ahí a albergar cualquier sombra de duda sobre quién es efectivamente el Papa actual y sobre la posible capacidad de influencia o de condicionamiento del ya emérito dista un abismo.

Ha sido el mismo Papa Francisco quien en numerosas ocasiones ha explicado esta “cohabitación”.  Lo hizo sin ir más lejos en su rueda de prensa en el avión de regreso de su reciente viaje a Armenia (ecclesia, número 3.838, página 37): “El Papa emérito no es el segundo Papa…. Es el abuelo sabio, el hombre que me cuida las espaldas y los hombros con su oración”. Como en otras ocasiones, Francisco recordó que hasta hace medio siglo no existía en las diócesis la figura del obispo emérito (los obispos no se jubilaban) y que ahora nadie duda del acierto de la medida conciliar y de Pablo VI de establecer el límite de edad al ministerio episcopal activo. Y la experiencia demuestra –añadimos nosotros- que en las tantísimas y tantísimas diócesis que han contado y cuentan con obispos eméritos no hay tampoco dudas acerca de quién es el único y efectivo obispo.

A lo largo de este tiempo,  se ha hablado también de posibles o no visitas recibidas por Benedicto XVI de personas que supuestamente le pedían alguna reacción ante el estilo y las decisiones de Francisco. No nos constan ni estas visitas ni su contrario, pero lo cierto es que tal pretensión demuestra o demostraría un escaso conocimiento de la persona y del talante de Benedicto XVI.

Ya el apóstol san Pablo advirtió del error de las “banderías” (I Cor 1, 12) y señaló tajantemente que  ni de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, que el verdadero cristiano es seguidor de Jesucristo, cuyo único Vicario en la tierra es el Sucesor de Pedro, es el Papa. Es –desde el 13 de marzo de 2013, felizmente y por la gracia de Dios- Francisco. Y que todos, también y el primero el Papa,  estamos al servicio de la misión encomendada.

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