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Francisco, ahora en viaje a Chile y a Perú, es siempre el Papa de todos – editorial Ecclesia

Francisco, ahora en viaje a Chile y a Perú, es siempre el Papa de todos – editorial Ecclesia

En las vísperas de su visita apostólica a Chile y a Perú, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, emitió, la nota titulada “Francisco, el Papa de todos” (página 32). El tema de fondo de esta intervención episcopal se halla en las polémicas generadas en la patria de Francisco ante la apropiación indebida y localista que de su pensamiento y voluntad realizan “quienes pretenden utilizarlo, sea pretendiendo representarlo, sea atribuyéndole posiciones imaginarias en función de sus propios intereses sectoriales”.

De este modo, las palabras, los gestos y las acciones del Papa se filtran ideologizada y partidísticamente, generando confusión, polarización, politización y el subsiguiente malestar. Y mientras tanto, “el pueblo sencillo quiere escuchar las enseñanzas del Santo Padre, y lo reconoce por su lenguaje claro y llano”.

La polémica no es nueva y ya hace un tiempo, el padre Lombardi, entonces director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, hubo de precisar que el auténtico portavoz papal (o vocero, en la uso terminológico  latinoamericano) es el mismo Papa y/o los portavoces oficialmente designados al efecto.  Aseveración esta última a la que también remiten los obispos argentinos.

En aras a una mayor clarificación de la cuestión y con texto literal de la reciente nota del episcopado argentino, añadimos: “Acompañar a los movimientos populares en su lucha por la tierra, techo y trabajo es una tarea que la Iglesia ha realizado siempre y que el propio Papa promueve abiertamente, invitándonos a prestar nuestras voces a las causas de los más débiles y excluidos. Esto no implica de ninguna manera que se le atribuyan a él sus posiciones o acciones, sean estas correctas o erróneas”.

Lo mismo cabe decir en relación con los objetivos y finalidades de los viajes apostólicos, como el ahora en curso a Chile y a Perú (páginas 18 a 22 y 32). La ley periodística, no escrita pero inexorable –hasta dictatorialmente inexorable…-, de la simplificación lleva muchas veces a concebir y a seguir las visitas apostólicas de un modo incompleto, fragmentario y hasta excluyente.

Si la, por otro lado importantísima, cuestión rohingya acaparó en exceso –como el mismo portavoz oficial Burke reconoció en pleno viaje- la visita a Myanmar y a Bangladesh, ahora daría la impresión de que lo único que importa del periplo por Chile y por Perú es el encuentro del Papa con las víctimas del pinochetismo y con los damnificados en los distintos casos de pederastia en ambos países. Evidentemente, ambas realidades son importantes y ambas tendrán respuesta durante la visita, pero Francisco no viaja solo a Chile y a Perú por ello. No viaje solo por ello, repetimos. También por ello y para contribuir a su reparación y sanación. Pero no solo por ello.

En suma, acaparar al Papa, apropiarse de él y expropiarlo a la entera comunidad no es actitud eclesialmente correcta. El Papa es padre y pastor de todos y para todos. Y nadie –por muy allegado que sea o haya sido o dice ser o haber sido…- puede hablar en su nombre, y menos de modo excluyente y partidista.

La paz y la esperanza son ahora, por ejemplo, los ejes de la visita papal a Chile y a Perú. Y ni la paz ni la esperanza se construyen y fortalecen ahondando y fomentando divisiones dentro y fuera de la Iglesia. La señal del ministerio apostólico no esta, sino las de la concordia, la comunión y la misión.

Lo viene diciendo y repitiendo ecclesia desde la llegada de Francisco: ni él, ni ningún Papa, es más nuestro ni es menos nuestro, ni mejor ni peor, en la medida en que se aproxime o se aleje de nuestras legítimas sensibilidades, gustos, intereses, idiosincrasias, preferencias, prioridades o posicionamientos ideológicos.  No es el Papa –ni este ni ninguno- quien tiene estar en sintonía con nosotros, sino que hemos de ser nosotros, e incondicionalmente, quienes estemos en sintonía con él.

Nosotros no somos jueces ni intérpretes de la ortodoxia o de la ortopraxis. Lo es Pedro, la roca en la que se cimenta la unidad, la comunión y la misión de la Iglesia. Francisco, como antes sus predecesores –la extraordinaria pléyade de Papas con que Dios ha bendecido a su Iglesia y humanidad en, al menos, el último siglo  medio-, es, ha de ser, el Papa de todos y para todos.

 

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