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Francisco, a las autoridades de Irak: «Que callen las armas, no más violencia, extremismos, facciones e intolerancias»
El Papa Francisco lee su discurso ante las autoridades.
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Francisco, a las autoridades de Irak: «Que callen las armas, no más violencia, extremismos, facciones e intolerancias»

En su primer discurso en Irak, el que ha dirigido a primera hora de la tarde de hoy viernes 5 de marzo a las autoridades del país, el Papa Francisco ha hecho un llamamiento claro, rotundo y contundente al fin de la violencia. «Que callen las armas —ha dicho en la recepción del palacio presidencial—, que se evite su proliferación, aquí y en todas partes. Que cesen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local. Que se dé voz a los constructores, a los artesanos de la paz, a los pequeños, a los pobres, a la gente sencilla, que quiere vivir, trabajar y rezar en paz». «No más violencia, extremismos, facciones, intolerancias —ha insistido—; que se dé espacio a todos los ciudadanos que quieren construir juntos este país, desde el diálogo, desde la discusión franca y sincera, constructiva; a quienes se comprometen por la reconciliación y están dispuestos a dejar de lado, por el bien común los propios intereses».

El Santo Padre, cuyo avión ha aterrizado en Bagdad a las once de la mañana hora española, se ha presentado ante el presidente Barwan Salih y los miembros del gobierno que encabeza el primer ministro Mustafa Al-Kadhimi como «penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tantas destrucciones y crueldad», y como «peregrino de paz en nombre de Cristo».

En su alocución, el Santo Padre ha dicho que en una sociedad democrática como la que se trata de levantar en Irak «es indispensable asegurar la participación de todos los grupos políticos, sociales y religiosos, y garantizar los derechos fundamentales de todos los ciudadanos», de modo que «ninguno sea considerado ciudadano de segunda clase». Y ha llamado a la clase política a reforzar las instituciones y a «combatir la plaga de la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad» para construir una sociedad que crezca en honestidad y transparencia.

El Papa ha tenido presente en esta su primera intervención a todas las víctimas de la guerra, el terrorismo y los conflictos sectarios. De manera especial a los yazidíes, «perseguidos y asesinados a causa de sus creencias religiosas, cuya propia identidad y supervivencia —ha dicho— se han puesto en peligro».

Francisco se ha referido a la antigua Babilonia como «cuna de la civilización», y ha recordado que esta tierra está estrechamente ligada a través del patriarca Abraham y numerosos profetas «a la historia de la salvación y a las grandes tradiciones religiosas del judaísmo, del cristianismo y del islam».

Francisco, con el presidente de Irak, Barwan Salih.

La religión debe estar al servicio de la paz y la fraternidad

Citando la Fratelli tutti, el Santo Padre ha afirmado que «las verdaderas enseñanzas de las religiones» invitan a trabajar por la paz, mientras que el fundamentalismo no puede aceptar la pacífica convivencia de grupos étnicos y religiosos, de ideas y culturas diversas. En este sentido, ha llamado a avanzar en un diálogo «paciente y sincero» que parta «de la identidad más profunda que tenemos, la de hijos del único Dios y Creador». «La religión, por su naturaleza —ha insistido mencionando también el documento sobre la fraternidad humana suscrito en Abu Dhabi con el imán Al-Tayyeb—, debe estar al servicio de la paz y la fraternidad. El nombre de Dios no puede ser usado para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión».

El Papa ha agradecido, por último, la labor de cuantos países e instituciones trabajan en la reconstrucción del país y en la asistencia a sus poblaciones refugiadas y desplazadas. Pero ha advertido también de que, «después de una crisis no basta reconstruir, es necesario hacerlo bien, de modo que todos puedan tener una vida digna. De una crisis no se sale iguales que antes: se sale mejores o peores».

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