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Francesc Torralba: La abstinencia digital durante la formación de los seminaristas es «imprescindible»

La pregunta ha llegado desde el seminario de Madrid. «Dado que nuestros seminaristas viven en el ámbito de la era digital, ¿sería necesario un cierto tiempo de abstinencia digital para, después, estar de un modo más maduro y evangélico en la red? Así como en la vida mística hay tres etapas —purificativa, iluminativa y unitiva—, ¿no convendría una etapa purificativa aquí también al principio?». Y el profesor Francesc Torralba, catedrático de Ética de la Universidad Ramón Llull de Barcelona y docente de la Facultad de Teología de Cataluña, ha sido rotundo en su respuesta. Es algo «imprescindible» y «fundamental». «Esta abstinencia digital es importantísima para construir un sujeto muy equipado que sea capaz de discernir y orientarse bien en ese entorno», de manera que no se pierda en él y malgaste su tiempo. Poco antes había preguntado, en sentido más amplio y a modo de interrogante, si la acción educativa digital «sigue siendo educativa» y si «se puede educar a un niño digitalmente». «Tenemos que hacernos estas preguntas, porque una cosa es transmitir conocimientos e ideas, y otra construir el alma de una persona».

Torralba ha constatado en la segunda de sus ponencias en el 49 Encuentro de rectores y formadores de seminarios mayores que se celebra on line este fin de semana, que en nuestra sociedad hay «una creciente tecnoadicción», una adicción a la tecnología que es ya una patología, con síndromes de dependencia y abstinencia cuando no se está en ese entorno, y que en nuestros días «es muy difícil construir la personalidad en el mundo digital, dada la pluralidad, el caos, la hisperestimulación y la dispersión» que este genera.

«Hoy —ha dicho— los grandes gurúes de Sillicon Valley y de la Universidad de la Singularidad, que son los padres de estos enormes mundos digitales, no llevan a sus hijos a entornos digitales: son, por el contrario, partidarios de una formación clásica, moral, textual, escrita, para construir su personalidad».

Ser «sal y luz» en el tumultuoso océano digital

Torralba ha comenzado su intervención, titulada «La encarnación digital. Discernimiento en clave cristiana», constatando que el mundo digital es un mundo de claros y oscuros, con grandes posibilidades, pero también con muchas interrogantes e incluso temores. No obstante, ha dicho, la Iglesia debe estar presente en él, ha de tratar de irradiar el Evangelio en ese entorno. «Para mí —señala— nuestra presencia tiene que ver con el concepto de encarnación. Ese “verbum caro factum est” nos exige arraigar en otro entorno; la encarnación nos exige salir del propio espacio para irradiar luz. Y ello conlleva comprender el aroma de ese tiempo, los signos de los tiempos, lo que se cuece y palpita en esos entornos. (…) El argumento clave es que el principio de encarnación nos exige hacernos presentes en entornos extraños, hostiles, para irradiar en ellos la presencia del Evangelio».

La Historia de la Iglesia, ha explicado a su auditorio digital, ha sido construida gracias a que sus miembros han salido de sus «áreas de confort» para llevar el Evangelio a quienes no lo conocían. De ahí que haya recurrido a la imagen de los misioneros —que trataron de comprender el lenguaje de los nuevos mundos e hicieron gramáticas para llegar a quienes vivían en ellos—, para animar a entrar en este «océano tumultuoso» que es el mundo digital y «poder ser en él sal y luz».

Una presencia abierta, cálida y con identidad

Pero, ¿cómo debe ser la presencia de la Iglesia en el universo digital? A juicio del filósofo y teólogo barcelonés, debe tener tres rasgos fundamentales: ha de ser una presencia abierta, «cálida» y de «identidad». «El valor de la hospitalidad es inherente a la condición cristiana. (…) El hermetismo es antievangélico: la finalidad es irradiar hacia afuera eso que creemos, pero, además, ser capaces de recibir a quienes están cansados, hastiados, o simplemente requieren atención o necesitan una razón de ser o de vivir», ha dicho.

Y es que —constata— en el mundo digital, además de «mucho ruido» que genera desorientación, desinformación, inseguridad y más caos, hay también «mucho nomadismo» (personas que van de un influencer a otro en busca de ayuda y que son engañadas y manipuladas) y «mucha soledad». «Antes, cuando uno sufría una crisis personal, se acercaba a un amigo, al cura del pueblo, a una persona que le mereciera especial confianza, y le abría su corazón. Hoy esa necesidad o sed de sentido se genera en la red. Allí hay personas que tratan de ofrecer respuestas, a veces atrincheradas en tradiciones espirituales orientales (budismo, taoísmo, sintoísmo), a veces simplemente a partir de una psicología humanista, o implemente psicoanalítica… Y ello nos exige estar muy atentos. El Papa nos exige que salgamos de nuestros lugares habituales».

La actitud de esperar a que el otro llame a nuestra puerta ya no sirve. Ahora, «el otro llama a otras puertas que le ofrecen el sentido de una existencia aparentemente feliz, y ello nos exige una actitud mucho más misionera y en salida». Para el profesor catalán, hay que estar atentos y salir al ágora mediática para ofrecer nuestra ayuda a todas esas personas rotas, que han experimentado fracaso emocional, afectivo, fracaso, y que han vivido traición, inseguridades, profundas crisis, y buscan ayuda en la red.

La presencia cristiana en internet, asimismo, debe ser una presencia «de identidad». «No tenemos que disimular nuestra historia, nuestra identidad, los símbolos que nos definen, la cruz… A veces por un complejo de inferioridad, uno tiende como a anular esa simbología. Y eso es un error. En el mundo digital hay que estar con los símbolos propios, con lo que nos define y nos ha dado identidad. Debemos ser comunidades abiertas, con capacidad de construir sentido, cálidas y simbólicamente significativas».

El peligro del «neo-gnosticismo teocrático»

Torralba, por último, ha alertado sobre el peligro del «neo-gnosticismo teocrático», esa visión de que hay que desmaterializarse de todo, liberarse del cuerpo para simplemente tener una existencia digital que nos permita tener los atributos divinos. El Papa Francisco —recuerda— ya detecta esta tendencia a la digitalización de todo y a la desmaterialización en Laudato sì, y antes que él, Benedicto XVI en Caritas in veritate. «Somos seres encarnados, y no seres atrapados en un cuerpo. Fuimos creados corporalmente para amarnos corporalmente. (…) Tenemos que combatir esta ideología».

Además del presidente de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, Joan-Enric Vives Sicilia, entre los participantes en el encuentro estaban los obispos de Tarazona, Eusebio Hernández Sola, y auxiliar de Terrassa, Salvador Cristau.

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