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Francesc Torralba: «El transhumanismo es una fabulación que genera una frustración colectiva»
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Francesc Torralba: «El transhumanismo es una fabulación que genera frustración colectiva»

Durante los días 17 y 18 de junio está teniendo lugar en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, el congreso internacional Transhumanismo: ¿homo sapiens o cyborg? 

Organizado por el Instituto Razón Abierta y bajo la dirección de la doctora Elena Postigo, este congreso ha juntado a algunas de las voces más autorizadas en el ámbito académico para reflexionar sobre los retos, las implicaciones y la cultura derivada de las tesis que sostienen los transhumanistas, o como el profesor Francesc Torralba ha tildado durante su presentación, «los nuevos gnósticos».

Sin embargo, ¿Qué es el transhumanismo?

Tal y como reza la página web del Instituto Razón Abierta en la descripción de este congreso, se trata de «un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al ser humano las nuevas tecnologías, para que se puedan eliminar aspectos no deseados de la condición humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal». Así, Nick Bostrom, uno de los mayores teóricos de esta corriente, afirma que el transhumanismo representa una nueva concepción operativa del futuro del hombre. Concepción que reúne a científicos y expertos procedentes de distintos ámbitos científicos: Inteligencia Artificial, neurología, nanotecnología, genética y otros investigadores en biotecnología aplicada. A estos se unen filósofos y hombres de cultura con el mismo fin: alterar, «mejorar» la naturaleza humana y prolongar su existencia.

El transhumanismo, teoría o paradigma cultural, plantea numerosos interrogantes de orden científico-técnico, filosófico-antropológico, bioético y legal; cuestiones de actualidad, pero sobre todo interrogantes para las generaciones futuras que, a lo largo de las conferencias y mesas redondas de este congreso internacional, se está tratando de analizar y esclarecer.

«Se ha transmutado la salvación por la liberación»

Bajo el título Transhumanismo y neognosticismo, el catedrático de filosofía en la Universidad Ramon Llull abordó los paralelismos con esta corriente herética que el cristianismo persiguió durante sus primeros siglos de existencia y que buscaban, en una perversión del camino de perfección espiritual, la posibilidad de conseguir, mediante el conocimiento, descifrar el misterio de la vida y alcanzar de este modo la salvación. «En el transhumanismo hay una promesa de poder superar el límite de la muerte, aquí. Pero esto no igual a la eternidad», puntualizó Torralba durante su intervención.

A juicio de este estudioso en la materia sobre las implicaciones éticas y morales de esta nueva corriente cultural y científica, el odio a la creación, el rechazo de la corruptibilidad de la materia, la evasión de la muerte o el egoteísmo –autodeificación-, son los puentes que conectan la historia entre el gnosticismo y su versión perfeccionada, gracias a la protección del cientificismo y de la tecnología aplicada al ser humano:  el transhumanismo.

Para Torralba, uno de los problemas esenciales que adolece este movimiento es creer que la farmacología, las modificaciones genéticas, los implantes biomecánicos o el uso de sustancias químicas que puedan reducir la fatiga o incrementar el rendimiento físico e intelectual, vayan a desembocar en uno de los postulados que defiende el transhumanismo: la mejora de la especie.

«Esto tendrá un mercado enorme si no hay límites éticos»

Del mismo modo, el catedrático de filosofía encuentra vínculos entre este neognosticismo y las ideologías actuales que cuestionan el género, la especie o las facultades de los animales en un mismo orden de dignidad que los hombres; mencionando a su vez los intereses económicos implícitos en todo el mercado que se puede generar alrededor de la industria del “perfeccionamiento” humano y el riesgo de amplificar lo que el Papa Francisco denomina como la «cultura del descarte» pues no todos podrán acceder a estos retoques biotecnológicos.

«Hay conexiones entre el transhumanismo y las ideologías actuales. La conexión fundamental es la concepción de la identidad, muy abierta, hasta el punto de que no pone resistencia: “usted puede ser lo que quiera”.  Ya no nos acogemos como don sino que cada quien puede dejar de ser quien es y dependerá de su voluntad y de la alianza con la tecnología. Es el triunfo del “todo es posible”. Esto ilusiona, pero es eso: una ilusión. La consecuencia a posteriori es una frustración colectiva».

«Hace tiempo que empezamos con los retoques en el chasis, con la cirugía estética. Usted no tiene ningún problema pero quiere tener una mejor apariencia. Esto tendrá un mercado enorme si no hay límites éticos».

«Nos vamos haciendo a lo largo de la historia, con la ayuda de Dios»

Sin embargo, a pesar de las tensiones y del hondo calado que van adquiriendo las tesis transhumanistas, hay margen para la esperanza si esta está bien fundamentada.

«Tengo esperanza, pero no intramundana. Lo que cabe esperar de la condición humana es ambigüedad. En el futuro habrá buenas y malas personas. Igual que en el ágora había personas que construían y otras que engañaban. Para Dios todo es posible pero no para el ser humano. Cambiar lo mezquino en algo bello, eso hace Dios. Lo que aquí ocurre es que se ha transmutado la salvación por la liberación. Salvación, en la tradición judeo-cristiana, nos remite a un liberador, a un Mesías». Lo que el  transhumanismo hace es poner al hombre y su voluntad en el centro de la liberación.

Por último, y siguiendo la estela de George Steiner en su obra Después de Babel, Torralba cree que «hay una criptoteología en muchos planteamientos transhumanistas, pero están secularizados. Es un mensaje de esperanza sin Dios.  El valor del humanismo cristiano frente a esta corriente no es solo el hecho de que tiene dos mil años de historia sino que nos explica. Aunque solo tuviera cincuenta años, retrata lo que somos. El transhumanismo es una fabulación que genera una frustración colectiva».



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