Opinión Última hora

Footprints

En el verano del año 2016 tuve la suerte de asistir en la ciudad de Phoenix, Arizona, a la presentación del documental «Footprints», que puede traducirse por «Huellas». Había sido dirigido por Juan Manuel Cotelo, director de cintas tan conocidas como  «La última cima»,  «Tierra de María» y «El mayor regalo».

Además del mismo director, asistieron a la proyección el obispo de la diócesis, su obispo auxiliar y un buen número de personas invitadas, la mayor parte de ellas muy comprometidas con el trabajo pastoral de la diócesis. A la presentación asistió también el sacerdote español, padre Sergio Muñoz Fita, que ejerce su ministerio en la parroquia de Santa Ana, en Gilbert, Arizona. Él es quien había tenido la feliz idea de lanzar aquella desafiante invitación para realizar el Camino de Santiago.

Y allí estaban también aquellos once valientes que recorrieron a pie más de ochocientos kilómetros en cuarenta días de marcha, desde Hendaya hasta Santiago de Compostela. Los protagonistas nos contaron que la primera lección que habían aprendido antes de salir de casa fue que debían aligerar la carga de sus mochilas de todo lo que asombrosamente podían prescindir.

La primera impresión que recibimos a la vista del documental fue de asombro ante los fascinantes paisajes del camino del norte, bordeando la costa cantábrica. Pero más impresionante era ir viendo el otro camino. El que iban recorriendo aquellos jóvenes, que se enfrentaban cada día consigo mismos. Las cámaras fueron registrando el ritmo de sus pasos y las ampollas de sus pies, sus silencios y su asombro, sus risas y su cansancio. En la pantalla fuimos viendo que algo iba ocurriendo en su interior. Unos más y otros un poco menos se iban preguntando por el camino de la vida que habían recorrido. Y por lo que podrían dar en adelante.

Pero después de la proyección allí estaban ellos ante nosotros, confesando en público mucho del itinerario del alma que habían seguido. Fue una tarde de intensa comunión con aquellos que se habían abierto a la luz que ilumina las conciencias cuando la persona baja al interior de sí misma.

Hemos conocido a muchas personas que han hecho el Camino de Santiago. Pero pocas veces como aquella tarde habíamos vivido tan de cerca la experiencia de una peregrinación tan sentida y tan sincera. Antiguos caminantes han dejado sus “huellas” a lo largo del Camino. Y estos jóvenes han dejado las suyas. El documental nos dice que si ha sido duro aprender a caminar, es más importante saber adónde hay que dirigir los pasos.

A pesar del bochorno de aquel día en el Valle del Sol, a esas horas de la tarde parecía venir del desierto una brisa de paz y de esperanza. Realmente, el Camino de Santiago puede ser vivido de otra forma. De esa forma que el Espíritu reserva a los que caminan con espíritu de búsqueda en la fe.

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