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Fisichella: «Los abuelos y mayores no son sobras de la vida, sino fragancia de la memoria»
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Fisichella: «Los abuelos y mayores no son sobras de la vida, sino fragancia de la memoria»

«Los abuelos y mayores no son sobras de la vida, sino fragancia de la memoria y de la misericordia». Son palabras del Papa Francisco pronunciadas por el arzobispo Rino Fisichella en la mañana de este domingo 25 de julio, en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. El presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización ha presidido a las 10 horas la Santa Misa en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro ante unas 2.000 personas. Lo ha hecho en lugar del Papa, necesitado de reposo tras la operación que le fue practicada en el Policlínico Gemelli en la que le fue extirpado parte del colon.

En la homilía, preparada por Francisco, Fisichella ha reivindicado una mirada hacia los mayores como la que Jesús tiene hacia cada uno de nosotros. Una mirada de ternura y cercanía, bien distinta a la que se da hoy en nuestras sociedades. «Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos», ha recordado, y sin embargo, ¿cuándo fue la última vez que les hicimos compañía, o que llamamos por teléfono a un anciano para dejarnos bendecir por sus palabras?, ha preguntado.

«Sufro —ha dicho trasladando el sentimiento del Papa— cuando veo una sociedad que corre, atareada e indiferente, afanada en tantas cosas e incapaz de detenerse para dirigir una mirada, un saludo, una caricia. Tengo miedo de una sociedad en la que todos somos una multitud anónima e incapaces de levantar la mirada y reconocernos».

Jóvenes y ancianos, juntos

El arzobispo italiano ha dicho también que hoy tenemos necesidad de «una nueva alianza de vida, de sueños y de futuro» entre los jóvenes y los mayores, porque lo que está vigente es la idea de que cada uno se ocupe de sí mismo, y eso mata. Hay que compartir «lo que somos y lo que tenemos». «Jóvenes y ancianos, juntos», ha insistido citando al profeta Joel. «Los jóvenes, profetas del futuro que no olvidan la historia; y los ancianos, soñadores que transmiten la experiencia a los jóvenes sin entorpecerles el camino. (…)  Jóvenes y ancianos juntos, en la sociedad y en la Iglesia».



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