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Final feliz en el secuestro de otro sacerdote en Nigeria
Padre Harrison Egwuenu.
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Final feliz en el secuestro de otro sacerdote en Nigeria

Nuevo secuestro de un sacerdote en Nigeria. Nuevo secuestro de una persona de Iglesia con fines de extorsión en el más poblado de los países africanos. Esta vez con final feliz. La víctima ha sido el Padre Harrison Egwuenu, director del colegio St. George de Obinomba en la localidad de Abraka, situada en el Estado del Delta. El presbítero fue capturado en la noche del pasado 15 de marzo, y no fue liberado hasta seis días más tarde, el domingo 21, según informó unos días después la agencia Fides. «Está bien, pero necesita tiempo para superar la experiencia traumática», ha declarado a la publicación de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos el también presbítero Benedict Okutegbe, de la diócesis de Warri.

Los delincuentes capturaron al Padre Harrison cuando iba en su coche. Dispararon al aire para asustar a los transeúntes y lo sacaron del vehículo, que dejaron abandonado en la vía. Una testigo dijo haber recogido una quincena de cartuchos de kalashnikov en el lugar de los hechos. Nada ha trascendido sobre la liberación. Estas bandas suelen pedir un rescate, pero la Conferencia Episcopal dictaminó ya hace varios años que su política iba a ser la de no acceder a pago alguno para no incentivar la comisión de estos delitos, cada día más frecuentes.

Creciente inseguridad

Nigeria vive en una permanente y creciente inseguridad. A los secuestros con fines de extorsión de sacerdotes, religiosos y religiosas hay que añadir los que tienen por víctimas a estudiantes. El pasado 25 de febrero, sin ir más lejos, un centenar de hombres armados penetró en una escuela de secundaria en la localidad de Jangebee y apresó a 279 chicas. El Papa Francisco se hizo eco de la criminal acción en el rezo del Ángelus. Afortunadamente, las niñas pudieron regresar a sus casas sanas y salvas unos días después.

Además de la de los delincuentes comunes, Nigeria se desangra igualmente por la violencia de los terroristas de Boko Haram y de los pastores fulani. Los obispos del país alertaron hace un mes de que la situación es de tal gravedad que la Federación corre el riesgo de saltar en mil pedazos. «Nigeria corre el riesgo de desmoronarse», avisaron.

Su declaración lo dice claro: «El impulso de la autodefensa está ganando terreno rápidamente. Son muchas las etnias que hacen sonar los tambores de guerra, exigiendo no solo una mayor autonomía, sino también una renuncia definitiva a una nación en la que se han perdido toda confianza y sentido de pertenencia. Las demandas se secesión étnica no deben ignorarse ni tomarse a la ligera. El pronunciamiento está firmado por el presidente y por el secretario de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria, arzobispo Augustine Obiora Akubeze y obispo Camillus Raymond Umoh, respectivamente.

Seminarista asesinado el pasado año

El secuestro del Padre Harrison ha terminado bien. También tuvo final feliz el pasado 1 de enero el del obispo auxiliar de Owerri, Moses Chikwe, y de su chófer.

Moses Chikwe, obispo auxiliar de Owerri (Nigeria).

Pero en otros casos no ha sido así. El 8 de enero de 2020 en el seminario del Buen Pastor de Kaduna fueron secuestrados cuatro seminaristas de la diócesis de Sokoto. A tres de ellos los liberaron días después, pero el más joven de todos ellos, Michael Nnadi, de 18 años, fue asesinado. Cuando la policía detuvo al criminal, este confesó que lo mató porque les «seguía predicando el Evangelio de Jesucristo».

Hace poco más de un año, el 1 de marzo de 2020, el episcopado convocó una marcha para protestar por la situación de indefensión de la población.

El país cuenta aproximadamente con 100 millones cristianos, la mitad de ellos católicos.



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