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Carta del Obispo

Fiesta de San Saturio, patrón de la ciudad de Soria

Homilía del obispo de Osma – Soria, Mons. Gerardo Melgar Viciosa

         Queridos hermanos:

Siempre que nos acercamos a la vida de cualquier santo nos encontramos con un autentico modelo a seguir e imitar en nuestra vida espiritual. En San Saturio encontramos un verdadero testimonio de creyente y evangelizador.

         Su historia es el modelo de una vida planteada desde Cristo y vivida desde los valores del Evangelio. Los planes y la voluntad del Señor van a ser los criterios desde los que San Saturio va a plantear y vivir su vida, haciendo de la voluntad divina la norma auténtica de su vida y el estilo peculiar de vivirla. Esta voluntad de Dios sobre Él, le lleva a abandonarlo todo por Dios: habiendo nacido en el seno de una familia de nobles y ricos visigodos, a la muerte de sus padres y siguiendo la llamada del Señor en el Evangelio al joven rico –“si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme”-, reparte sus bienes entre los pobres, se retira a una cueva en la sierra de Santa Ana y se dedica fundamentalmente a la oración, la contemplación y la evangelización de todos los que encuentra por los caminos.

         Su vida choca con la valoración y la vivencia de la fe que tenemos los hombres del S. XXI. Son varias -muchas, negativas- las distintas posturas del hombre ante la fe: hay muchos totalmente indiferentes a Dios y a la fe, a quiénes no les importan nada pues no tienen nada que ‘decirles’; hay otros cuya fe no es sino un recuerdo nostálgico de la niñez pero para quienes hoy no les dice nada ni supone nada importante para sus vidas; sabemos de muchos otros que, ante la realidad de un mundo materialista y sin Dios, han perdido completamente la fe en el Dios verdadero y han hecho de lo material y lo efímero su verdadero y autentico dios al que sirven y adoran; finalmente, unos pocos realmente luchan por mantener viva su fe y hacer de ella la auténtica norma de su vida, a la cual ajustarse y responder positivamente en todo momento.

Esta situación es preocupante para la Iglesia entera, consciente del cambio tan radical que se ha producido en el hombre actual y de la situación real de los hombres y mujeres de nuestra sociedad a la hora de vivir la fe. Por eso, está empeñada en impulsar una nueva evangelización que salga al encuentro de todos los que se han olvidado o son indiferentes o no valoran lo suficiente a Dios y la vida de fe; de este modo, se fortalecerá la fe de los creyentes. Por este motivo, también el Papa Benedicto XVI ha declarado este año 2012 como Año de la fe, tiempo que ayudará a todos los cristianos del momento actual a experimentar la alegría de la fe. Igualmente, nosotros mismos -como Diócesis- estamos empeñados durante el presente y el próximo Curso en hacer realidad en nuestra Iglesia particular de Osma Soria la Misión “Despertar a la fe”. Este precioso proyecto misionero quiere ayudar a que muchos salgan de la indiferencia religiosa; a que en muchos sea revitalizada la fe que casi se ha dejado morir; a que muchos que tratan de hacer vida la fe sean fortalecidos para ser testigos de la alegría de Dios en medio de esta sociedad laicista.

La razón principal por la que la Iglesia entera, el Papa Benedicto XVI y nuestra Diócesis de Osma Soria están empeñados en suscitar, animar y fortalecer la fe de los hombres y mujeres de nuestra sociedad actual es que estamos convencidos de que una sociedad sin Dios está destinada al fracaso; una sociedad sin valores religiosos y espirituales es una sociedad sin rumbo y a la deriva; y un hombre que huye de Dios y de los valores del Evangelio (porque, como se ha llegado a pensar y decir, “con Dios y viviendo desde la fe no se puede ser libre ni feliz”) es un hombre que ha equivocado el sentido de la brújula de su vida y no encontrará jamás la respuesta a los auténticos y principales interrogantes de la persona sobre tantas cosas, sobre los grandes interrogantes de su origen y su destino. El hombre no puede vivir sin Dios porque lleva inscrita en su corazón la impronta de la transcendencia y porque, como dice San Agustín, “nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.

         San Saturio es testigo y testimonio de la necesidad que el hombre tiene de Dios. Él vivió su fe y desde la fe, y no necesitó nada más para ser feliz. Pero San Saturio no sólo vivió la fe para sí mismo ni experimentó la profunda alegría de ser creyente de forma individual sino que, además, hizo partícipes de su experiencia y de la alegría de vivir su fe a cuantos encontró en su camino siendo, de este modo, un auténtico evangelizador que trató siempre de acercar a Dios a los hombres y a los hombres a Dios.

Esta misma tarea de evangelizar nuestro mundo actual es la que tiene encomendada toda la Iglesia porque anunciar el Evangelio es la razón de su existencia, razón que nos compete a todos los que formamos la Iglesia. El Papa Benedicto XVI ha escrito: “La fe es ese gran tesoro que el Señor nos ha dado, pero no para guardarlo para nosotros solos sino para comunicarlo a los demás, para que los demás puedan experimentar en su propia vida la alegría  de la fe” (Porta fidei n. 2) Igualmente, en la Audiencia general del miércoles 17 de septiembre, decía hablando de la nueva evangelización: “La evangelización no es cuestión ni campo solo de unos pocos especialistas sino de todo cristiano. Todos debemos sentirnos responsables de la evangelización del mundo y de la situación del mismo respecto de la fe”.

El Señor, queridos hermanos, ha dejado en nuestras manos y bajo nuestra responsabilidad su propia misión: anunciar a los hombres de todos los tiempos la BuenaNoticiadel Evangelio. Por eso, todos cuantos somos parte de la Iglesiadebemos sentirnos responsables de lo que está sucediendo en nuestro mundo en torno a Dios y al anuncio de la Buena Noticia. Todos, y por lo mismo cuantos estamos aquí celebrando esta Eucaristía, somos llamados con verdadera urgencia, como decía el Beato Juan Pablo II, a “llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón del mundo”.

¿Cómo llevar a cabo esta preciosa tarea? Habremos de hacerlo, en primer lugar, con nuestra palabra, enseñando a otros lo que somos (recordando que la fe no se impone sino que se propone), mostrándoles que seguimos con profunda alegría a Jesús, enseñándoles los porqués de este vida entregada al Maestro de Nazaret. Ahora bien, además de con la palabra, sobre todo tendremos que hacerlo con nuestro testimonio de vida. Sí hermanos, nuestro estilo de vida, nuestra forma de vivir, debe ser algo que suscite, con la ayuda de la gracia divina, la fe en los demás; nuestra vida debe llamar la atención, debe atraer, debe acercar a Dios a los hombres y a los hombres a Dios. Hace ya décadas que el Papa Pablo VI escribió: “el hombre actual cree más y mejor a los testigos que a los profetas, y si cree a los profetas es por lo que tienen de testigos”. Pablo VI se inclinaba por “bendecir” a aquellos que con su vida demuestran lo que dicen que son y no a aquellos que llenan sus vidas con discursos vacíos.

Siguiendo la estela del Papa Montini, el Bato Juan Pablo II resaltaba el gran valor de nuestro testimonio cristiano diciendo: “el único Evangelio que muchos de los hombres y mujeres de nuestra sociedad actual va a conocer y leer es el testimonio que demos los cristianos”. Sintámonos, pues, responsables, implicados y comprometidos en la tarea de ser misioneros, portadores de la Buena Noticia del Evangelio a los demás, especialmente en esta sociedad nuestra tan necesitada de ese Dios que es Paz, Amor y Verdad. Pablo VI, en la Exhortación apostólica “Evangelii Nuntiandi” escribió con palabras muy duras sobre nuestra responsabilidad en la evangelización del mundo: “Dios puede salvar al mundo de muchísimas formas pero ¿nos salvaremos nosotros si no evangelizamos?”. Tomemos en seriola Misión diocesana que tanto bien puede hacer a nuestra sociedad actual (en la que tantas personas son totalmente indiferentes a todo lo que se ‘suene’ a Dios), especialmente a nuestras familias (donde Dios es el gran ausente en las relaciones interfamiliares), porque estaremos ayudando a que las personas encuentren el verdadero sentido a su vida y experimenten la genuina alegría de la fe.

Pidamos a San Saturio que vivamos la vida de fe con frescura, con exigencia y autenticidad, para ser buenos discípulos y seguidores de Cristo; pidámosle también que él, que fue un gran evangelizador que comunicaba la importancia de la fe a todos cuantos se encontraba por los caminos, nos ayude a nosotros a ser auténticos y comprometidos apóstoles y portadores de la fe en nuestro mundo y para nuestras gentes, de modo que creyendo en el Señor y viviendo de acuerdo con lo que Él nos pide podamos glorificar a Dios en nuestra vida y Él nos pueda glorificar a nosotros con la recompensa de la Vida eterna.Amén.

 

+ Mons. Gerardo Melgar Viciosa – Obispo de Osma-Soria

 

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