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Fiesta de la Virgen de la Paloma en Madrid: Homilía del arzobispo Carlos Osoro

virgen de la paloma

Fiesta de la Virgen de la Paloma en Madrid: Homilía del arzobispo Carlos Osoro, Madrid 15 de agosto de 2015

«Queridos hermanos y hermanas:

Hemos cantado en el Salmo 44 algo muy especial y significativo en esta fiesta que estamos celebrando: “Hijas (añadiríamos e hijos) de reyes salen a tu encuentro”. Estas palabras se las referimos a la Virgen María, en esta advocación de La Paloma. Y al mismo tiempo le decíamos: escucha, mira, inclina el oídoprendado está el rey de tu belleza. Nos referimos a Dios mismo creador de todo lo que existe. Y continuábamos diciendo: “póstrate ante Él, que Él es tu Señor”. Virgen de la Paloma, tú te has postrado ante Dios y lo has hecho en nombre de todos los hombres. Nos has enseñado también a postrarnos ante todo ser humano desde el inicio de la vida hasta su término porque es imagen y semejanza de Dios. Somos reyes todos los hombres, un reinado que nace de saber que solo y en la medida que desplegamos en nuestra existencia tu imagen, hacemos posible que el rostro de Dios se haga presente en la vida y en la historia de los hombres. Así lo hizo la Virgen María y así nos lo manifiesta esta fiesta de Nuestra Señora de la Paloma.

¡Qué historia más sencilla la de esta advocación de la Virgen María que hoy nos reúne, Nuestra Señora de la Paloma! Una advocación que nace como quiere el Señor hacer las cosas, recordemos sus palabras, “dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis”, porque ellos son los que mejor nos acercan la presencia de Dios mismo. Aquí en Madrid, en esta ciudad abierta a todos, jugando un grupo de niños en la calle con este lienzo que veneramos, una mujer –Isabel Tintero– al ver la imagen del lienzo, se la cogió a los muchachos, la retocó y la colocó en el portal de su casa, venerando aquella imagen y extendiendo esa veneración a cuantos quisieron hasta hoy. Una imagen de la Virgen en un lienzo, la Virgen de la Paloma. Una imagen que entró en las entrañas y en la sabiduría del pueblo de Madrid. Un lienzo que muestra a la Virgen con un manto negro, una túnica blanca y sus manos cruzadas y pendientes de ellas un largo rosario. Una imagen que nos hace comprender muy bien la Palabra de Dios que acabamos de proclamar y que voy a intentar acercar a vuestro corazón y a la vida de todos los madrileños, dejando hablar al mismo lienzo:

1. Manto negro. María es el santuario de Dios: ella nos lleva a todos los hombres, ese es su manto. Miradlo. Contempladlo. Ahí estamos tú y yo. Porque eso es lo que le pide Dios a María cuando a través del ángel le manifiesta si quiere aceptar ser la Madre de Dios, para entregar Luz y Camino, Verdad y Vida a los hombres. Cuando os veáis sin salidas, acercaos a La Paloma; somos hilos de ese manto. Bien sabéis que en la oscuridad estamos los hombres cuando queremos construir presente y futuro sin más planteamientos que los que nacen de nuestros horizontes por muy valiosos que sean. Dos mil años de historia desde que Cristo se manifestó a los hombres lo demuestran. Y es que, cuando  vivimos solamente de nuestra fuerzas, cuando queremos dar luz desde nuestras luces, por muy penetrantes que sean nuestras luminarias, nunca llegan a hacer ver quiénes somos y hasta dónde estamos creados para la comunión y no para distanciarnos los unos de los otros o buscando el interés personal o de grupo. Ella presta la vida para que se establezca en esta historia, en todo el universo “la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo” (Ap. 12, 10). Que no es esclavitud, que no es poder que deja sin voz, que no es potestad que anula. Es la salud de la fraternidad que da verdadera convivencia, de la justicia que traspasa fronteras hasta llegar a la misericordia entrañable, de la verdad que alimenta apertura total al otro; de poner al prójimo por encima de uno mismo, de construir un mundo donde la globalización del amor, en el que nadie sea descartado y en el que todos nos volquemos hacia quien más lo necesite, hace posible que no se globalice la indiferencia.

2. Túnica blanca. María regala la Vida que todo ser humano necesita para permanecer como tal en medio de la Historia: por un hombre vino la muerte, como nos dice la Escritura por Adán murieron todos. Pero María con su a Dios hace posible que llegue la vida y triunfe, de tal manera que, como dice la Escritura, “por Cristo todos volverán a la vida”. Él se ha manifestado así en la Virgen. La túnica blanca es expresión de la belleza, de la bondad, de horizontes nuevos, de tareas diferentes; no estamos en este mundo para hacernos la vida imposible, no estamos para desechar a nadie, estamos para construir la cultura de la vida, la cultura del encuentro, la civilización del amor. Y para esto viene el hijo de María, de la Virgen de la Paloma, para ponernos en la clave de la luz, del esplendor, de la convivencia, del humanismo, del Reinado de Dios, que lo es de justicia, de verdad, de amor, de vida, de paz. Pongámonos la túnica blanca. Ella es expresión de la belleza suprema que alcanza el hombre cuando se deja engendrar por la vida de Dios.

3. Largo rosario. El rosario nos muestra todos los misterios de Cristo: el gozo de un Dios que se hace presente en la Historia; la fuerza de un Dios que se hace hombre y que, como Dios y Hombre verdaderos, nos enseña a los hombres y nos da las claves y la Gracia para vivir hasta donde tiene que llegar nuestro amor por los otros, como es dando por amor la vida, la luz que nos muestra en el camino de su existencia en situaciones concretas y el triunfo de Cristo sobre todas las fuerzas que nos destruyen y esclavizan, que nos hacen vivir en guerra y enemistad. María con el rosario en sus manos nos propone un itinerario de vida que tiene tres etapas para cambiar el mundo:

1ª) Salir al camino de los hombres: se puso en camino, fue aprisa atravesando una región montañosa. Es la propuesta del Papa Francisco a la Iglesia. No es fácil hacer camino y estar como ser humano. Pero todo se puede con la Gracia de Dios. Surgirán dificultades, regiones montañosas, pero si vamos como María llevando a Dios en nuestra vida caminaremos y dejaremos caminar. Haremos presente y futuro. ¡Ánimo!

2ª) Entrar en el corazón de los hombres, entrar en casa: María entró en casa de Isabel, llegó a su corazón, lo hizo llevando a Dios, sin más armas. Y es que la presencia de Dios en nuestras vidas quita prejuicios, elimina diferencias y distancias; provoca cambios en el corazón de las personas. Hay que entrar como María aprendió de Dios mismo, no haciendo condenas, perdonando siempre, no haciendo juicios, dando todo, dando su vida. Esto es lo que hace saltar de gozo a un niño no nacido aún y hace descubrir a Isabel donde está la dicha del hombre: “dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Dios cambia el corazón y nos hace hermanos.

3ª) Provocar alegría, felicidad, y proclamar la grandeza del hombre: la alegría verdadera que nace de una fuente más grande y honda que nosotros; la dicha y felicidad de sabernos protegidos por Dios mismo que nos ama incondicionalmente, incluso cuando nosotros no queremos saber nada de Él y con Él. Proclamar la grandeza del ser humano que es capaz de hacer las obras de Dios cuando es humilde, cuando anda en verdad y reconoce todo lo que es y sus medidas verdaderas, cuando tiene y da amor misericordioso que es capaz de extraer siempre bien de todo, cuando elimina la soberbia, el hambre de verdad que tiene en su corazón, cuando no se pone por encima de los demás, cuando deja que Dios mismo viva en él, cuando descubre que se conoce conociendo a Dios mismo.

Tengamos la valentía de hacer todos juntos estas etapas que la Virgen de la Paloma nos hace ver hoy: salgamos al camino con todos los que van por él, entremos en el corazón de todos, provoquemos alegría, dicha, felicidad, y proclamemos la grandeza del ser humano poniéndonos, como la Virgen de la Paloma, túnica blanca (con esa tela que es Gracia, paz y amor) y llevando en las manos, como tesoro que transforma todo, el arma de los misterios de un Dios que nos ama. Nos ama tanto que ahora, dentro de unos momentos, se hace presente entre nosotros en el Misterio de la Eucaristía. Que la Virgen de la Paloma, a todos los madrileños, nos haga sentir y vivir la presencia real de Jesucristo entre nosotros. Amén».

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