Revista Ecclesia » Festividad de la Virgen del Carmen: Día de las gentes de mar
Iglesia en España Última hora

Festividad de la Virgen del Carmen: Día de las gentes de mar

Una Iglesia en salida. Este ha sido el deseo constantemente repetido por el Papa Francisco desde el inicio de su pontificado, llegando a plasmar en Evangelii Gaudium un noble anhelo: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades».

Qué mayor posibilidad para mostrar la universalidad de la Iglesia que el puerto mercante en el que confluyen a lo largo del día tantas personas de diversos ambientes y culturas. Qué mayor prueba del abandono de las propias seguridades que la dureza de vida de los pescadores que con su abnegado sacrificio de horarios, dedicación a la familia o ejercicio de sus aficiones contribuyen decisivamente al desarrollo del comercio y la industria. Y qué mayor evidencia de salida a las periferias que zarpar del puerto para lanzarse a navegar en la mar por días o meses abandonando la seguridad de la tierra. Para todo el ámbito marítimo la Iglesia debe tener una palabra, un gesto, una acogida: en los puertos, en los barcos mercantes, en los de pesca, en cruceros o en las fragatas de la Armada, por ejemplo. No solo con los que directamente dedican su vida a esta labor, curtidos en el agua y la sal, sino también a sus familias, que necesitan sentirse acompañadas. Cristo quiere salir al encuentro de aquellos que mediante la pesca buscan su sustento y el de los suyos y también ansía amparar a aquellos que con su vocación de servicio público son una garantía para nuestra libertad y seguridad.

Las medidas tomadas por las autoridades para combatir la pandemia de la covid-19 provocaron distanciamiento social, cierre de mercados de pescado y escasa afluencia de clientes a hoteles y restaurantes. Han sido meses complicados para la gente del mar: la disminución de la demanda de productos pesqueros y la caída de los precios les ha hecho tocar fondo. Pero no se rinden: «la pesca es un oficio exigente para poder subsistir, pero sobre todo es una vocación, algo que heredas de tus antepasados. Vocación, eso sí, sujeta a la inestabilidad: dependemos mucho de las inclemencias del tiempo y del estado de la mar. Aún así seguimos arriesgando la vida. Este último año ha sido el coronavirus, no la mar, lo que ha echado por tierra buena parte de nuestras esperanzas», cuenta un veterano pescador coruñés. Reconoce que a veces el estado de ánimo falla, que hay tentación de bajar los brazos, que se siente la soledad: «soy creyente y la fe es para mí un bálsamo en medio de la dificultad».

La gente de mar valora mucho el trabajo en equipo y da una gran importancia al sentido de responsabilidad y a la pertenencia al grupo. El marino sale a faenar sabiendo que la mar muchas veces es hostil y parece no acoger su labor, pero también sabe que no va solo y que necesita de los otros. Esos hombres y mujeres que por vocación se entregan a los otros, renunciando a tantas comodidades lícitas, están llamados a construir Iglesia sin estar durante mucho tiempo en tierra firme y por eso necesitan la presencia de la Iglesia en sus vidas para encontrarse con Cristo. Necesitan rezar, recibir los sacramentos, sentirse acompañados, experimentar el consuelo y el ánimo cuando los resultados no son los previstos. Entre vientos y olas. Entre incertidumbres y esperanzas. Al zarpar y al atracar. Pero también navegando. Es la Iglesia que sale a la mar y que anhela la presencia de Jesús, de ese Jesús que desde dentro de la barca calmó las aguas y el miedo de sus apóstoles. Sin vida espiritual esa vocación de servicio y entrega queda coja, deslavazada, sin sentido. Sin Cristo los fracasos y dudas se ponen en pie y amenazan la felicidad. La acción pastoral de la Iglesia con los pescadores se orienta a generar comunidades parroquiales marineras, en las que la mayor parte de la feligresía pertenece a este sector. Otro campo son las asociaciones para sus familias. Pero sobre todo el tú a tú, a pie de muelle, en las cofradías de pescadores, administrando sacramentos, atendiendo las necesidades materiales concretas. Ahí está esa Iglesia en salida que va a buscarles y no que se limita a esperarles. Ahí está Cristo que primerea.

Una muestra clara de ese afán por acercarse a todos es el embarque de un sacerdote durante un viaje de crucero, por ejemplo, para que todos aquellos que puedan necesitar asistencia espiritual le tengan disponible. Y más impactante aún es el cura que sube a bordo de un barco militar durante una misión para hacer viva la cercanía de la Iglesia en aquellos hombres y mujeres que están sirviendo a su país.

Sigue leyendo…

 



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa