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Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid

Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid del 25 de febrero al 3 de abril de 2016

Desde hace unos años asistimos a una vuelta, más allá de lo formal, a conceptos vinculados con lo sagrado, con lo místico. Una vuelta que pasa por considerar la práctica artística como una experiencia espiritual, una manera de vivir religiosamente pero sin admitirlo; la obra de arte como sustituto de lo sagrado. Bernard Berenson ya definió claramente esta cualidad del arte cuando señalaba que “el momento estético es ese instante fugaz, tan breve hasta ser casi sin tiempo, en el que el espectador es un todo con la obra de arte (…)Ambos se convierten en una sola entidad: el tiempo y el espacio son abolidos y el espectador es poseído por un conocimiento (…) el momento estético es un momento de visión mística”.

Y entre todas las artes, la música ha tenido desde siempre una singular función como instrumento con el que intentar entender la dimensión de lo incomprensible. El origen de la música se ha interpretado como el nacimiento de un lenguaje que trataba de imitar la naturaleza. Y ese sonido del mundo no era sino revelación, una manifestación de lo desconocido que debía ser interpretada. Quizás por ello, el oído fue concebido como un órgano en el que se producía la recepción de lo divino, un sentido que situó al ser humano como un “centro que escucha” y por lo tanto, como un eje alrededor del cual empezó a conformarse la noción de transcendencia.

La música sugiere lo indecible y nos revela algo de lo que existe más allá de la realidad aparente, nos acerca al misterio y a la esencia de las cosas, de las ideas y de las emociones. Debussy definió esta cualidad cuando escribía, en torno a su ópera Pelléas et Mélisande, “quería para la música una libertad que posee quizá más que cualquier otro arte, al no limitarse a una reproducción más o menos exacta de la naturaleza, sino a las correspondencias misteriosas entre la naturaleza y la imaginación”.

De ahí que la música y la mística sean a menudo expresiones de un mismo lenguaje metafísico. Para Plotino el misticismo era ver con los ojos cerrados, contemplar con los ojos del alma. Ésta es tal vez la mejor definición, la más universal, ya que permite integrar tanto a los místicos religiosos como a los laicos, pues lo sagrado no se limita a lo religioso. Unos, los que se consideran creyentes, ante esta contemplación encuentran a Dios y se unen a Él. Los otros, en palabras de Bataille, prefieren utilizar el concepto “misterio” para referirse a lo que comúnmente se suele llamar “dios”.

Esta renovada edición del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid toma prestado este sugerente marco teórico basado en conceptos más amplios y universales, para abrirse por primera vez a la experimentación con un programa que pretende explorar las conexiones entre arte, con especial atención a la música, y espiritualidad.

Además de apostar por músicos y formaciones españolas con éxito internacional, apoyando, también, a talentos emergentes, el Festival presenta una serie de propuestas que complementan su oferta clásica con otros lenguajes musicales, del jazz -con las aproximaciones de Jorge Pardo o Moisés P. Sánchez a “A Love Supreme” de Coltrane, en el 50 aniversario de su publicación- a las músicas alternativas –con la presentación del nuevo disco de una artista tan inclasificable como la cantante Maria Rodés-.

El Festival, hoy, apuesta por repertorios inéditos o poco frecuentes en los escenarios españoles, fomenta la creación y la producción propia, con estrenos absolutos, en su mayoría encargos del Festival, que abre, además, por primera vez una línea de cooperación con algunas de las principales instituciones culturales españolas, como son el MNCARS y Patrimonio Nacional.

El objetivo es ofrecer una propuesta musical diversa: 30 conciertos organizados en ciclos diferentes para experimentar con nuevos conceptos, llegar a nuevos públicos y ofrecer una extraordinaria programación de una belleza tal que, ante su contemplación y disfrute “tiempo y espacio sean abolidos”, en una experiencia que nos lleve más allá de nosotros, que nos eleve hacia una dimensión espiritual.

Comunidad de Madrid

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