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Fernando Chica: «Los sistemas alimentarios deben ser resilientes e inclusivos»

Resilientes, inclusivos y sostenibles: así deben ser los sistemas alimentarios para acabar con la «lacra del hambre». Son las palabras de Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA, durante su intervención ayer 12 de octubre, en un seminario de estudio centrado en el tema “Sistemas alimentarios resilientes, inclusivos y sostenibles: del dicho al hecho”.

El evento fue organizado por el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, junto con la Misión Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA y el Foro de Roma de ONG de inspiración católica. El punto de partida de la reunión fue la cumbre de las Naciones Unidas sobre sistemas alimentarios celebrada en septiembre, así como la pre-cumbre sobre el mismo tema organizada en Roma por el gobierno italiano el pasado mes de julio.

320 millones más de personas sin una nutrición adecuada

En 2020, casi una de cada tres personas no tuvo acceso a una alimentación adecuada: eso supone 320 millones de personas más que en 2019. Se trata de un aumento asombroso, en parte debido al impacto de la pandemia de covid-19.

Sin embargo, subraya el Observador Permanente, la cuestión de los recursos alimentarios va más allá de un mero “enfoque cuantitativo”: de hecho, debe tener “una mirada abierta” que considere también el cambio climático, la gestión de los residuos y la contaminación, la disminución del agua potable y la pérdida de biodiversidad.

El punto de vista correcto, puntualiza Chica Arellano, debe ser “la lógica del cuidado”, porque sólo así los sistemas alimentarios pueden “proteger la Tierra y mantener la dignidad de la persona humana en el centro, garantizando una alimentación suficiente para todos y promoviendo el trabajo decente a nivel local”.

Reconocimiento del derecho a la alimentación de los refugiados

Frente a las “injusticias sistémicas” necesitamos “una transformación sistémica” orientada a sistemas alimentarios resilientes, inclusivos y sostenibles. Los sistemas alimentarios resilientes son aquellos en los que se reconoce también el derecho a la alimentación de los grupos vulnerables, como los refugiados, y los que se centran en las innovaciones tecnológicas y sociales, ya que “mejoran la eficiencia y reducen el coste de la energía limpia”, inspirando esperanza.

Los sistemas alimentarios inclusivos también hacen posible la lucha contra el hambre mediante “la colaboración entre los sectores público y privado, la sociedad civil y las universidades”.

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Dar voz a las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas

En este sentido, Fernando Chica  destaca tres categorías específicas que “deben tener una amplia voz y participar en los procesos políticos y de toma de decisiones”: las pequeñas productoras rurales, a las que “hay que garantizar el acceso a la tierra y al crédito para que puedan actuar como catalizadoras y facilitadoras de la transición”; los jóvenes, que representan “los líderes de hoy, no de mañana, porque la transformación de los sistemas alimentarios es también una cuestión de justicia entre generaciones”; y los pueblos indígenas, que “desempeñan un papel fundamental en la conservación y protección de la naturaleza”.

El hombre es administrador, no dueño, de la Creación

Por último, los sistemas alimentarios sostenibles son los que respetan “el medio ambiente, los trabajadores y las generaciones futuras”. Sólo así, de hecho -afirma el Observador Permanente- la sostenibilidad puede ser “ambiental, económica y social”, haciendo posible la construcción de “nuevos modelos de desarrollo basados en el cuidado de nuestra casa y familia común”, gracias a una humanidad consciente de “ser administradora responsable de la Tierra”.

Erradicar el hambre en el mundo es cosa de todos

La estrategia adecuada para lograr estos objetivos, añadió el prelado, es la de “ver-juzgar-actuar” y, por tanto, “pasar de las palabras a los hechos”, porque “cada uno de nosotros debe estar animado por el mismo objetivo de erradicar el hambre del mundo y garantizar la igualdad de acceso a alimentos sanos y nutritivos”.

Si los sistemas alimentarios no son “justos y sostenibles” y si el pensamiento contemporáneo no comprende lo esencial que es “la alimentación para una vida digna, sana y en armonía con la naturaleza”, entonces “no habrá futuro, sino presente”. “Nuestra contribución a la causa del hambre en el mundo es única e insustituible”, concluye Chica Arellano, “cultivemos una mentalidad dispuesta a reaccionar con esperanza y creatividad”, para erradicar el hambre y no dejar a nadie atrás.



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