Carta del Obispo Iglesia en España

Feliz año de paz, por el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 31 de enero de 2017

Con el ambiente festivo de la reciente celebración de la Navidad, hemos ido pasando las últimas hojas del calendario de este año 2017, que concluye hoy. ¡Cómo pasa el tiempo! solemos decir con frecuencia.

La percepción del tiempo es siempre subjetiva, pero seguro que tenéis la sensación de que la vida transcurre muy deprisa. Metidos en la vorágine de los quehaceres diarios no percibimos ese lento discurrir del que, en fechas como esta que hoy viviremos, necesitamos tomar mayor conciencia. Porque la vida que pasa es un regalo de Dios y el tiempo que se nos da día a día y hora a hora es una oportunidad para agradecerla y vivirla según su voluntad.

Al concluir el año, el cristiano no puede por menos que agradecer lo vivido. La Iglesia lo realiza a través del canto del Te Deum, al que los más grandes músicos han contribuido a dar solemnidad en los grandes momentos litúrgicos de acción de gracias. El Te Deum es un himno de acción de gracias y bendición en el que se alaba la protección que el Padre, el Hijo y el Espíritu realizan constantemente sobre nosotros. Igualmente, se implora una vez más que nos acompañe como Buen Pastor que guía, protege y alimenta a su pueblo. Yo os invito a que en, algún momento del día de hoy, recordéis cada uno situaciones vividas y motivos de acción de gracias, para que elevéis también vuestro particular himno de gratitud a nuestro Dios por el año que hoy cerramos.

Como Iglesia Diocesana debemos agradecer también todo lo vivido en este año que hoy finaliza. Han sido muchos los esfuerzos e iniciativas por hacer realidad nuestra esencia misionera y evangelizadora. También hemos gozado de infinidad de encuentros y convivencias que nos han ayudado a sentir y experimentar la fuerza de la comunión. Nuestra Iglesia, como os he dicho en otras ocasiones siente una vez más la gozosa certeza de que, “viviendo realmente como Iglesia, estamos construyendo un mundo mejor, como humanidad renovada, en nuestra sociedad burgalesa”. De ello he sido testigo en mis visitas pastorales que a lo largo de todo el año he seguido haciendo a muchas comunidades parroquiales. Estamos inmersos en el proceso de reestructuración diocesano para atender del mejor modo posible la zona rural, en revitalizar la Iniciación Cristiana, en la urgencia de la formación del laicado, en dar respuesta comunitaria a los retos de la exclusión social… Todo ello, lo ponemos hoy delante del Niño Dios como ofrenda de nuestro peregrinar a lo largo de este año, al tiempo que le pedimos un nuevo año de bendición y de paz.

La Paz es el deseo y la aspiración por antonomasia de la Jornada Mundial de la Paz que se celebra mañana. Imploramos y trabajamos por la paz en nuestro mundo, que es mucho más que la ausencia de guerra y de violencia. Es el deseo de los ángeles de Belén que anunciaron en la noche de la primera Navidad. Es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, Es también lo que buscan tantos hombres y mujeres migrantes en nuestro mundo, como nos recuerda el papa Francisco en su mensaje para esta Jornada.

Para el nuevo año que comenzamos, le pedimos especialmente al Príncipe de la Paz que nos dé una mirada contemplativa, fruto de la sabiduría de la fe. Esta mirada es la que nos permite profundizar y descubrir la grandeza de la fraternidad, la alegría del Dios que nos acompaña, el proyecto del Reino que es capaz de acoger, proteger e integrar a toda la humanidad. La mirada contemplativa es la que nos permite ser artesanos de la paz.

Las lecturas de este día tienen una bendición preciosa que hago mía en estas horas previas de la Nochevieja: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Que este deseo llegue a todos para el nuevo año que estamos a punto de comenzar. Que Dios nos bendiga a todos, especialmente a las familias, a los enfermos, a los emigrantes y refugiados, a los privados de libertad, a los solos, a los que carecen de lo necesario…, a cuantos llevamos cada uno de nosotros en el corazón. ¡Feliz Año 2018!

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