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Fe rociera por las calles de Córdoba

Fe rociera por las calles de Córdoba

Se engrandece la devoción rociera en la ciudad

Las cinco filiales rocieras de la diócesis (Córdoba, Lucena, Puente Genil, Cabra y Priego) y la Hermandad matriz de Almonte brindaron el sábado 16 de noviembre, una jornada de estampas irrepetibles en las calles de la ciudad.

Carretas, caballos, flamencos, gitanas, flautas y tamboriles llenaron de color y devoción las calles de Córdoba en una procesión rociera única, organizada con motivo del Año de la Fe.

Fueron más de 50.000 personas, las que acudieron a este «magno» acontecimiento que comenzó con la salida de los simpecados desde distintos templos de la ciudad hacia la Santa Iglesia Catedral. Comenzaron llegando las filiales de la provincia y ante una gran muchedumbre que inundaba el Patio de los Naranjos, hizo su entrada la Hermandad de Córdoba junto al simpecado matriz de Almonte.

Una vez en el templo, dio comienzo el Solemne Pontifical presidido por el Obispo de Córdoba, don Demetrio Fernández. Ante unas naves catedralicias repletas de fieles, el coro rociero de Puente Genil «Los peregrinos» puso la nota musical durante la Eucaristía.

Por su parte, el Obispo quiso agradecer a las Hermandades su participación y la celebración de este magno encuentro en el que se demostraba una vez más la profunda fe que hay en la ciudad. Al hilo de esto afirmó que «Córdoba es profundamente creyente, por eso el Rocío de la fe y el Víacrucis Magno han desbordado las previsiones».

Posteriormente, el Obispo entregó una reliquia del Beato Juan Pablo II a la Hermandad de Córdoba que a partir de ahora lucirá su simpecado.

Una vez finalizada la misa, los simpecados fueron entronizados en sus carretas iniciando así su recorrido por las calles de la ciudad. No faltaron los caballos, así como tampoco la colaboración de una decena de hermandades de Córdoba que se encargaron de colocar diversos altares en las calles del centro, por donde pasó la comitiva.

Mientras tanto, miles de fieles aguardaban la llegada de todos los simpecados en la Tendillas, donde se colocaron frente a un altar instalado para la cita. Tras realizar su entrada Córdoba, la hermandad matriz de Almonte llegó acompañada por el Obispo a la plaza donde presidió el altar. Tras unas palabras de agradecimiento tanto del Obispo como del Alcalde y de la Hermandad almonteña, se entonó la Salve rociera y tuvo lugar una lluvia de fuegos artificiales, retomándose de nuevo el recorrido rumbo a Miraflores. Allí tuvo lugar la bendición de una imagen de la Blanca Paloma situada en los jardines de Miraflores.

La jornada concluyó con una «pará» en los jardines del Alcázar.

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