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Fátima y la ciencia, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

FÁTIMA Y LA CIENCIA, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Mañana el Papa Francisco canonizará a los Pastorcitos de Fátima, concretamente a Francisco (1908-1919) y Jacinta Marto (1910-1920) que, junto  a su prima Lucia, recibieron la visita de la Virgen en 1917 en Fátima, justo hace ahora cien años. Se les canoniza porque vivieron la virtud en grado heroico al soportar la persecución que sufrieron por mantener el testimonio de las apariciones.

La Virgen les comunicó los famosos tres secretos que ya han sido desvelados en su totalidad, secretos porque no debían decirlos más que a su debido tiempo –en 1942 y en 2000- consistentes en acontecimientos que tuvieron lugar, acontecimientos tales como el fin de la 1ª Guerra Mundial, el comienzo de la 2ª Guerra Mundial por falta de conversión y deseo de hacer la voluntad de Dios, la dañina propagación del materialismo y el ateísmo por el totalitarismo que se instaló en Rusia y que personas como Lenin, Stalin, Pol Pot, Mao Tse Tung y otros se encargaron de propagar por todo el mundo y que lamentablemente todavía persisten hoy en lugares de la tierra como las repúblicas socialistas de Cuba o  Korea con personajes al frente de ellas como Kim Jong-un en la línea de los ya mencionados, y el atentado contra un Papa.

Cualquiera que acuse de falsedad o superstición a las apariciones de Fátima debería de estar obligado a hacer una valoración de los personajes que se acaban de mencionar: parece evidente que hay más ciencia en las apariciones que en aquellos.

Quienes aceptamos como ciertas las apariciones no perseguimos a la ciencia o a los científicos como lo hicieron ellos, sembrando el horror y convirtiendo el siglo XX no ya en el que la Iglesia Católica considera el Siglo de los Mártires, sino en el siglo en el que se batieron los récords de crímenes y genocidios de toda índole desde posturas materialistas y ateas que supuestamente iban a salvar a la humanidad.

Para hacerse una idea cabal, es decir científica,  de lo que las apariciones supusieron y suponen, nada mejor que leer el magnífico libro de Vittorio Messori “Hipótesis sobre Maria”, y después hacer lo mismo con el   comunicado Vaticano “El mensaje de Fátima”, particularmente el “Comentario Teológico” de las apariciones escrito por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.  La valoración desde la ciencia teológica –que es aquella que persigue el conocimiento científico de Dios- de todo lo sucedido sitúa los acontecimientos en su justa medida más allá de los comentarios en ocasiones equívocos y poco fundamentados incluso de miembros de la Iglesia.

Es en este documento de Ratzinger donde se desentraña desde la visión del infierno que tuvieron los Pastorcitos, hasta el milagro del Sol sucedido ante importante gentío: no son fenómenos de obligada creencia pero tampoco falsos, encontrándose integrados dentro de lo que el actual Benedicto XVI denominaba revelaciones privadas, en contraposición a la revelación pública que ha encontrado su expresión literaria  en lo recogido en las Sagradas Escrituras. Estas revelaciones privadas, sucedidas incluso ante importante gentío como el milagro del Sol, tiene su valor en la medida que conectan con la revelación pública de Dios cuyo culmen es Jesucristo. La invitación a rezar el rosario por quienes viven en el infierno de la ausencia de Dios, de convertirnos a Dios tomando en peso nuestra vida y recibiendo como un regalo el sentido de la muerte, es sin duda algo conectado con la revelación de Dios.

Además los Pastorcitos han hecho milagros, curaciones instantáneas de enfermedades incurables científicamente hablando y de manera irrevocable. Sobre el valor de los milagros, decir para los que desde la ausencia de fe los echan de menos, que siguen ocurriendo, pero sobre todo que los tenemos delante y no los vemos.

Una vez que la predicación es acogida, tal y como estamos siguiendo en este tiempo de Pascua 2017 tanto en las lecturas de la misa diaria como en el Oficio de Lectura, los milagros físicos desaparecen, y queda el milagro moral, que es la formación de la Iglesia como asamblea de creyentes donde se encarna Cristo. Otra lectura más que recomendable es la del libro prologado por Gregorio Marañón titulado “Guía médica del intérprete de milagros y favores” (1949) de F. Irigarai, prólogo titulado  “La razón conduce inexorablemente a Dios”.

El haber presenciado un milagro en una peregrinación a la que asistió como médico Alexis Carrel siendo ateo le complicó bastante la vida, ya que  contó  en la universidad francesa donde trabajaba que creía en lo sucedido, y se convirtió a catolicismo. Siendo expulsado de la universidad, emigró a Estados Unidos donde siguió su carrera científica y acabó ganando el Premio Nobel de Medicina, un científico que como yo no encuentra obstáculo para declarar como cierto lo que evidentemente ha ocurrido, como la resurrección de Cristo, por más que lo que en la sociedad se llama ciencia no encuentre explicación sin la ayuda de la fe.

La ciencia no ha vencido la muerte. Es Cristo quien ha vencido la muerte, El que murió, más aún, El que resucitó, El que a la derecha de Dios Padre intercede por todos nosotros con gemidos inefables, haciendo posible que Dios tome carne en nosotros en el Espíritu Santo. Aquel rotundo “No tienen vino” de la Virgen María en las Bodas de Caná, resonará mañana en la canonización de los Pastorcitos igual que resonó en los mensajes que la Virgen de Fátima les comunicó invitándoles a participar con ella en la obra intercesora que tanta falta sigue haciendo en el mundo actual.

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