Benedicto XVI

¡Familia, vive y transmite la FE!, lema y sentido del viaje de Benedicto XVI a Valencia

Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital

Pasaban las 11,30 horas del sábado 8 de julio de 2006. El aeropuerto militar de Manises-Valencia era testigo conmovido de la llegada a España del Papa Benedicto XVI.

Le esperaban los Reyes de España -visiblemente alegres y sanamente orgullosos por esta visita- y las principales autoridades nacionales, regionales y locales. Comenzaban 26 horas intensas, repletas, hermosas, aleccionadoras y bien sembradas de semilla evangelizadora para la necesaria revitalización de la familia. Y es que, como el mismo Papa indicó en sus palabras nada más pisar suelo español, el sentido de su viaje pastoral a Valencia era anunciar la verdad de la familia. Anunciar, celebrar y transmitir esta verdad.

Peregrino de solidaridad y de consuelo

 

         Y la proclamación, la celebración y la transmisión de esta verdad, inserta en la misma verdad del hombre y del plan de salvación de Dios, entretejieron el apretado programa de la presencia de Benedicto XVI en Valencia, que comenzó tras la recepción oficial en el aeropuerto con una peregrinación de solidaridad y de consuelo para con las víctimas y los familiares del dramático accidente del Metro valenciano, acaecido en el mediodía del lunes 3 de julio y que ha costado la vida a 42 personas.

         Benedicto XVI se trasladó desde Manises hasta la estación de “Jesús”, epicentro de este luctuoso suceso. Allí le esperaban los Príncipes de Asturias. Y allí el Santo Padre proclamó un texto evangélico, rezó unas plegarias y depositó una corona de flores. Su peregrinación de solidaridad y de consuelo, que había comenzado el mismo lunes 3 de julio desde que tuvo información de la desgracia, encontró otra etapa en su visita a Valencia en el encuentro mantenido en la Basílica de la Virgen de los Desamparados con familiares de los fallecidos y afectados por el accidente. “Ante la Virgen de los Desamparados, le pedimos que sea consuelo para todas las familias que han sufrido las consecuencias del accidente, que ha sumido en el dolor y el luto a esta ciudad”.

El anuncio de la verdad de la famiilia

         120 países participaron en los actos. La antorcha de la verdad de la familia llegó a Valencia, procedente de Manila, y de Valencia marcha ya a Ciudad de México, que en el año 2009 acogerá el VI EMF. Esta dimensión internacional explica, por ejemplo, el sentido de los distintos testimonios y actuaciones de la vigilia de la noche sábado 8 de julio, las participaciones litúrgicas de la misa del domingo 9 y el tono universal de las palabras del Papa para proclamar esta verdad de las familias.

         Una verdad cuyo fundamento resonó así en las palabras de Benedicto XVI: “La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria y es ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral”. “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer establecen un vínculo permanente, es un gran bien para toda la humanidad”.

Celebrar esta verdad

 

         Dos horas y media duró la vigilia testimonial y festiva de las familias. La ciudad de las ciencias y de las artes de Valencia ofreció entonces el mejor y más bello de sus rostros y hasta brisa quiso acompañar y tonificar a los cientos de miles de peregrinos.

         Sobre el puente de Monteolivete, en el antiguo cauce del Turia, los arquitectos Guillermo Cuesta y Juan Pablo Más habían levantado un impresionante, con una altar de 2.5000 metros cuadrados y con una cruz vigía y lucero. Este escenario albergó la proclamación de la Palabra de Dios, oraciones, plegarias y testimonios de  familias provenientes de España, Gabón, Filipinas, Lituania, Alemania, Panamá, Australia, Italia, Brasil, India, Rumanía, Venezuela, Francia, Bélgica, Taipei.  Este escenario -plaza mayor, jardín florido y hogar acogedor de las familias cristianas- asistió conmovido a actuaciones artísticas y musicales de sabores y colores varios como los bellísimos “Ave María” de Fafá de Belem y el “Padre Nuestro” de Montserrat Caballé y José Mª Cano, el ballet de las mariposas de Taiwán o la intervención del “abuelo de Italia”, el acto Dino Banfi, que protagonizó una de las frases de estos días al llamar al Papa “abuelo del mundo”. Este escenario estaba presidido por la cruz de Cristo, el icono de la Sagrada Familia de Kiko Argüello y la imagen de la Virgen de los Desamparados, a quien horas antes Benedicto XVI había llamado en su basílica con las mismas palabras de amor y devoción que le llaman los valencianos: “Cheperudeta”: la Virgen, la Madre inclinada, volcada, entregada en favor de sus hijos necesitados y desamparados.

         La celebración de la verdad de la familia se convertía en la mañana del domingo 9 de julio es altar revestido de 6.000 flores blancas y amarillas y en otras 10.000 rosas blancas. 40 cardenales, 450 obispos y más de 2.000 sacerdotes concelebraron en esta Eucaristía papal, cuyos vasos sagrados -excepto el del Papa que era el Santo Cáliz que desde 1437 atesora la catedral de Valencia, como ya queda dicho- estaban hechos para la ocasión por Lladró y que servirían para la distribución de medio millón de comuniones. La celebración de la verdad de familia encontraba representación en las distintas participaciones litúrgicas de la Eucaristía a familias de España, Argentina, México, Italia, Argentina, Ruanda, Estados Unidos de América, Ruanda, Brasil y Alemania.

La transmisión de esta verdad

         Y la iluminación y la interpelación de la transmisión de la verdad de la familia llagaría en la espléndida catequesis del Papa en la vigilia del Papa y en su honda y nítida homilía de la misa del domingo.:    “Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas es instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente”. “El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana”. “La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos”.

         A esto, a todo esto vino a Valencia el Papa Benedicto XVI: a proclamar, a celebrar y a transmitir la verdad de la familia. Su mensaje es válido para todos porque “reconocer y ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana”.

         Y su mensaje ha de interpelar también a los políticos y a la opinión pública: “Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en  armonía aseguran al hombre, a  la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en la Carta de Derechos de la Familia. El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones”.

 

Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia – Enviado Especial

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