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Familia, sí: matrimonio, también, por el obispo de Segovia, Ángel Rubio

Recientemente los Obispos españoles hemos recordado ante la sentencia del Tribunal Constitucional que la actual legislación española referente al matrimonio es gravemente injusta. Lo es porque no reconoce netamente la institución del matrimonio en su especificidad, y no protege el derecho de los contrayentes a ser reconocidos en el ordenamiento jurídico como “esposo” y “esposa”; ni garantiza el derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como “esposos” y “esposas” del futuro; ni el derecho de los niños a disfrutar de un padre y de una madre en el seno de una familia estable. No son leyes justas las que no reconocen ni protegen estos derechos tan básicos sin restricción alguna. Por eso, es urgente la reforma de nuestra legislación sobre el matrimonio.

Hay que señalar nítidamente —y por supuesto con todo respeto— que no toda forma de convivencia es matrimonio ni cumple con la función propia del matrimonio que es perpetuar la especie, tener hijos y educarlos correctamente y no nos olvidemos también, y lo hemos manifestado los Obispos, “sin la familia, sin la protección del matrimonio y de la natalidad, no habrá salida duradera de la crisis”.

La familia, fundada en el matrimonio, esto es, la unión indisoluble entre el hombre y la mujer, es una institución insustituible según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad y alegría. La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos. La familia es también el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor y es educado en la fe. El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana.

Por tanto, la familia participa conforme a su propio ser de iglesia doméstica en la misión de la Iglesia. Lo hace en su vida, impregnada por la fe y sostenida por la gracia del sacramento del matrimonio. Por eso la familia no es sólo destinataria de la pastoral familiar, sino también sujeto y protagonista de la pastoral de la Iglesia.

La familia cristiana, para poder vivir, necesita a la Iglesia, y sin embargo, el ritmo de nuestra vida hace que muchas veces las familias se encuentren solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. Para esta labor, tanto la parroquia como las diversas asociaciones eclesiales son muy importantes.

Esta es la perspectiva adecuada de la pastoral familiar. La Iglesia es fuente de vida para las familias cristianas y, a su vez, las familias cristianas son protagonistas de la evangelización de la Iglesia porque la pastoral familiar tiene como fin ayudar a la familia a alcanzar su plenitud de vida humana y cristiana. Por eso, la pastoral familiar que se realiza desde la comunidad cristiana, consciente de este hecho, debe adaptarse a los procesos de vida propios de la familia, en orden a su integración en la Iglesia local y en la sociedad.

En esta festividad de la Sagrada Familia un recuerdo entrañable para nuestros abuelos, son los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Por eso no deben ser excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatar a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe y perseveran en el amor fiel y duradero.

Es un ejemplo admirable de la solidaridad de tantos matrimonios y familias que abuelos, hijos y nietos, se ayudan a salir adelante como solo es posible hacerlo en el seno de una familia estable y sana.

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                             Obispo de Segovia

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