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Falta humus no solo en la cocina

El otro día, un día cualquiera de primavera, en el que apetece pegar la hebra cuando te encuentras con alguien, me preguntaron si sabía lo que era el «humus». Más que eso. La charla se fue por derroteros de actualidad y mientras hablábamos de cómo a veces tratan los medios las informaciones de la Iglesia, mi interlocutor me espetó: «en esta sociedad lo que falta es humus. Se ha perdido».

Estudié, en una época ya viejuna, tres años de latín, que me encantaba y que algún poso dejó. Así que puedo decir que la palabra no era ajena en mi cabeza. No me imaginé solo la pasta de garbanzos. «Antes la gente era más elegante, en el mejor sentido», continuó dándome pistas del significado que quería darle a «humus» mi amable vecino.

Falta humus, falta humildad. Me fui pensando en mi paseo. Cuánta verdad. Qué bien sientan esos encontronazos que nos parten la tarde. Qué sacudidas cuando menos te lo esperas.

La palabra humildad viene del latín humilitas (el sufijo -itas indica “cualidad de ser”). Viene también de la palabra humus que significa «tierra». La palabra humildad está relacionada con la aceptación de nuestras propias limitaciones. Con estar en la tierra, con saber el terreno por donde pisamos y no creernos que estamos a dos palmos del suelo, más elevados que los demás.

Mantener el respeto al que me habla, escuchar con atención a quien nos dirige la palabra, el cuidado de los gestos y de la mirada –ahora que con la mascarilla hablan los ojos como nunca– son actitudes más contagiosas de lo que creemos. Y da el porte de elegancia a la que se refería mi vecino.

Ahora en estos tiempos convulsos en el que hemos prestado un poco más de atención a los mayores, nos han vuelto a dar sopas con hondas. Nos han enseñado a ver esa esencia en ellos. Esa esencia natural. Ese humus que comparten con conocidos y desconocidos. En esta generación nacida en la posguerra no hay lugar para la palabrería barata. Tienen incorporada la humildad en sus vidas. La humildad que es generosidad. Llevan la honestidad por bandera, que es otra forma inteligente de poder pasar los días con esa serenidad que les envidiamos.

Choca esa forma de vida con lo que nos venden en redes sociales, que cuanto más agresivo eres o más polarizado te muestras parece que vas a despertar más atención. Al final se juega a o estás conmigo o estás contra mí. En una perversión que, a veces, asusta. Ese silencio prudente de los mayores tiene mucho más de lección que cualquier defensa llena de palabras, cuando no de insultos. La verdadera vida nos espera fuera y la prefiero con humus.

Cristina del Olmo

@olmocris

26/05/2021



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