Editoriales Ecclesia

Falsas noticias, intoxicación y manipulación no construyen la paz ni el bien – editorial Ecclesia

Falsas noticias, intoxicación y manipulación no construyen la paz ni el bien – editorial Ecclesia

 

La Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede ha hecho público, como es habitual el 29 de septiembre, fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, celestes comunicadores de Dios, el tema de la Jornada Mundial de las Comunicaciones para 2018.  «“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Noticias falsas y periodismo de paz» será, por decisión del Papa Francisco, su tema. La Jornada de las Comunicaciones Sociales, la única jornada mundial eclesial pedida por el Concilio Vaticano II a través del decreto Inter mirifica, establecida por el Papa Pablo VI en 1967, se celebra en la solemnidad de la Ascensión del Señor, en 2018, el domingo 13 de mayo.

El mensaje papal para la Jornada se hará público, como es también tradicional, el 24 de enero, fiesta de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Con todo, la Secretaría vaticana para la Comunicación ya ha apuntado algunas de las ideas y razones del porqué de esta elección y su alcance y pretensión. Y es que, quizás por la proliferación digital de las comunicaciones sociales y auge de las redes sociales, quizás también por la generalizada fragmentación y relativización –a veces, hasta trivialización- de la verdad, de la ética y de la objetividad, y asimismo por la fortísima competitividad y mercantilización de las empresas informativas y el afán de lograr influencia económica, social y política, abundan en demasía y con evidentes peligros las llamadas «falsas noticias» («fake news»).  Y ello es algo que destruye la esencia misma del periodismo y de la comunicación social y lastra y contamina la misma convivencia, concordia y cohesión sociales.

¿Qué son las «falsas noticias»?  Son las informaciones infundadas que contribuyen a generar y alimentar una fuerte polarización de las opiniones. A menudo, se trata de una deformación instrumental de los hechos, que puede repercutir en las conductas individuales y colectivas. Y –afirma textualmente la Secretaría vaticana para la Comunicación- «en un contexto en el que las empresas de referencia de las redes sociales y el mundo de las instituciones y de la política han comenzado a enfrentar este fenómeno, también la Iglesia quiere ofrecer su aportación, proponiendo una reflexión sobre las causas, la lógica y las consecuencias de la desinformación en los medios de comunicación».

Junto a las propia y técnicamente falsas noticias, también se sitúan, pues, en esta perversa perspectiva y en sus devastadores efectos las manipulaciones, las intoxicaciones, las tergiversaciones, el uso de la pura y dura propaganda como si fuera información veraz, y la exacerbación mediática, cultural y educativa de los sentimientos y de los particularismos. Todo ello, tarde o temprano, al buscar finalidades y réditos ideológicos, económicos y políticos, se convierte no solo en un engaño masivo, en una mentira inadmisible, sino también en un factor corrosivo de la cara a la verdad, a la justicia, al derecho, a los principios y a los valores. Y, en definitiva, al mismo servicio a la paz, al que tanto los medios de comunicación como sus usuarios están interpelados.

No es necesario ilustrar con demasiados ejemplos las consecuencias tan perniciosas y destructivas que una práctica mediática y política de falsas noticias, intoxicaciones y manipulaciones ocasiona en un Estado, en una nación, en una colectividad y en cualquier otra expresión de la convivencia humana.

Por todo ello, la importancia de este tema va mucho más lejos de los medios de comunicación y afecta a la entera vida social en todas sus esferas y dimensiones. Y también a la misma vida de la Iglesia y a los canales de comunicación que se hacen eco de ella. No es un periodismo digno de la profesión ni de su contribución a la misión de la Iglesia aquel que oculta o manipula la verdad, que busca ventajas económicas, de prestigio, de poder o de ventajismo. No es periodismo digno de la profesión ni de la Iglesia aquel que busca el enfrentamiento, que divide maniquea, maquiavélica e interesadamente a los protagonistas de la vida eclesial y que fuerza adhesiones o rechazos y excluye a quienes no pasan por estos aros…

Bienvenida sea, pues, esta propuesta del Papa (él mismo tantas veces víctima de los males glosados). Con ella, la Iglesia quiere contribuir «a la promoción de un periodismo profesional, que busque siempre la verdad, y sea un periodismo de paz, que fomente el entendimiento entre las personas».

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