Vicente Vara
Iglesia en España Última hora

Fallece Vicente Vara, el constante vicario general de Delicado Baeza

por Javier Burrieza Sánchez

Ha muerto Vicente Vara Sanz, don Vicente que decíamos en Valladolid, perteneciente a esa generación de sacerdotes que desde sus puestos de gobierno aplicaron el Concilio Vaticano II, a la cotidianidad de las diócesis y a sus instituciones. Nos conocíamos hace muchos años, yo a él desde siempre porque fue vicario general desde 1987 cuando sustituyó al vicario por antonomasia de muchos arzobispos, don Modesto Herrero. Dura tarea la de don Vicente en aquellos momentos, pero con un arzobispo, Delicado Baeza, que ya había empezado a confiar en él como canciller secretario y desde ese momento como vicario general, su mano derecha, discreta, humilde, fiel siempre a lo dispuesto por su prelado. La verdad es que don Vicente fue mil cosas en la diócesis de Valladolid. Nació en La Cistérniga en 1931, hace 89 años, repartió su formación entre Valladolid y Salamanca y con un nuevo arzobispo en Valladolid, el vasco José García Goldáraz, se ordenó sacerdote en 1954. El ya había estado vinculado al Santuario, donde había conocido como seminarista numerosas ceremonias de la diócesis porque en los años cuarenta, el Santuario era la auténtica Catedral con el arzobispo Antonio García. Como sacerdote comenzó en los pueblos y después llegó como coadjutor a San Juan Bautista y a los inicios parroquiales de San Ignacio de Loyola: años cincuenta y sesenta. Años de posconcilio. Pero su formación canónica lo trajo pronto a la Curia Episcopal donde fue aprendiendo oficio, como oficial de la Notaría Eclesiástica y, a partir de 1976, como canciller secretario. Ahí ya había llegado el arzobispo José Delicado Baeza desde Tuy aunque quizás se conocieron tiempo atrás en Salamanca.

Delicado Baeza, de cambios lentos, se fijó en don Vicente para que fuese su segundo yo, el hombre moderado de la trastienda episcopal, y así se convirtió en 1987 en vicario general, sin hacer nada que molestase al anterior conocedor de las decisiones de la diócesis, don Modesto Herrero. Y don Vicente fue el hombre en la sombra, el que toreaba muchos problemas, por ejemplos los de las cofradías que siempre querían un expansión legítima de la religiosidad popular (en contraposición de la diócesis que siempre quería limitar esa expansión) y de los curas. Finalmente, se convirtió también en rector del Santuario Nacional que había conocido de niño y tuvo muchas satisfacciones allí porque antes de su jubilación, pudo disfrutar de la beatificación del padre Bernardo Francisco de Hoyos, el jesuita de la Gran Promesa, un 18 de abril de 2010. También le hubiese gustado ver otra beatificación, la de la Reina Isabel la Católica. Estaba vinculado como cabeza máxima al Instituto de Historia Eclesiástica Reina Isabel desde 1965, asociado a la diócesis, y de alguna manera ha sido el último heredero de aquel otro don Vicente, Vicente Rodríguez Valencia. En esto de la Reina y el modo de hacer en torno a ella, tuvimos nuestros debates. Cada uno supimos estar en su sitio, él como responsable diocesano, yo como historiador. Sin embargo, no faltó  mi fidelidad como amigo y así se lo manifesté en la última conversación que tuvimos hace unas semanas, cuando murió su hermana Irene. Su último éxito fue el Simposium «Isabel La Católica y la Evangelización de América» en octubre de 2018. Allí gozó muchísimo, con numerosísimo público. Cuando llegaba su muerte también la BAC enviaba las actas del Simposium en forma de libro, que pronto podremos adquirir. Tenía que haber llegado antes pero don Vicente no estaba tan conforme por la apuesta que hacíamos otros por la BAC. Pero al final supimos los dos, sin demasiadas palabras, que estábamos dispuestos a llegar a un acuerdo, unos como Comisión otros como autores de los textos.

¿Y qué más? Muchas cosas, aquí, en esta fotografía, estamos presentando un libro del padre Juan de Loyola del siglo XVIII sobre el padre Hoyos, una biografía que gracias a la Asociación de este beato jesuita se pudo recuperar. Él no se ha jubilado nunca: canónigo en la Catedral, párroco de la misma, capellán en el Santuario después de ser rector, capellán con humildad, sin aspiraciones. Y el papa Benedicto XVI le hizo su Prelado de Honor junto con Félix López Zarzuelo, otro de los grandes que se nos murió hace cuatro meses. Me faltaron algunas entrevistas para saber y aprender mucho más de él. Me faltó una última conversación. Don Vicente, «siervo fiel y cumplidor», la Reina Isabel lo habrá recibido antes que san Pedro pero sobre todo, el Señor lo habrá abrazado y le habrá dicho «gracias hijo por tanto trabajo». La diócesis pierde uno de sus nombres para la historia.

Print Friendly, PDF & Email