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Fallece el padre Juan Antonio Martínez Iglesias, el último misionero agustino en China

Fallece el padre Juan Antonio Martínez Iglesias, el último misionero agustino en China

El día 22 de junio murió  en la Residencia  de Atención Especial  de los agustinos en Valladolid, el P. Juan Antonio  Martínez Iglesias a la edad de  93 años  y 77 de  vida religiosa. Nació en Arnuid (Orense)  el 30 de junio de 1920,  el sexto de nueve hermanos, de los cuales  cuatro fueron  agustinos y una hermana, sor Celestina,  religiosa de La Caridad. Cursó sus estudios  de Humanidades en Valencia de Don  Juan desde  septiembre de 1932 durante tres años  que él recordaba últimamente  cuando deambulaba por esa Villa.

En 1935 pasó a Valladolid para tomar el hábito agustiniano y profesar el 12 de octubre de 1936. Dos años después en 1938 salió para China con 26 días de travesía. Estuvo al principio en Schanghay, aprendiendo el Chino mandarín. Completó sus estudios eclesiásticos y  profesó  de votos solemne el día  18 de  diciembre de 1941.  Fue ordenado sacerdote  el 16  abril de 1944 por Mons.  Eugenio Messi OFM., vicario apostólico y obispo de  Hankow, amigo y colaborador de los agustinos en Hunan.

Su primer destino como misionero fue Changshowkei, donde  estuvo cinco años (1946-1950) con el P.  Laurentino Mendiluce,  conviviendo  como verdaderos hermanos agustinos con muchas dificultades y estrecheces. Procuraban evangelizar con la ayuda de catequistas y ya tenían una pequeña comunidad cristiana que se vió perturbada por los acontecimiento políticos. Tenían un tigre domesticado que era un guardián de la casa misional.

En cierta ocasión  le iban a detener los comunistas y se hizo pasar por enfermero, que lo era hecho a veces, y le curó  de un catarro al jefe de los que le habían detenido dándole una pócima  de aguardiente y aspirinas.

En agradecimiento le dio una credencial o salvoconducto, que  le duró poco, porque como los demás agustinos misioneros, siendo superior de la casa misión  de  Changhowkai en 1950, fue detenido y llevado a la cárcel donde estuvo año y medio.  Llegó a pasar mucha hambre y torturas, porque  le consideraban capitalista y le relacionaban con lo que fue muelle de Schanghay o procuración agustiniana, que conoció y había visto sin ser parte,  ni responsable de sus negocios. Fue expulsado de China en agosto de 1951.

Tenía ciertos reparos en contar lo que había sucedido,  porque le habían exigido al salir que guardase silencio. No lo guardaba cuando en las horas nocturnas nos tomábamos  el “refresco de amistad” a la brisa el lago de Maracaibo entre 1952 y 1962  en que estuvimos juntos. Recogí muchos datos que dan para una buena biografía. Se omiten sus peripecias en China que en parte están publicadas.  Aquí quiero resaltar su gran labor pastoral, religiosa y social en Venezuela, donde ambos nos hicimos venezolanos en 1957. El  había  llegado a Venezuela en 1952 y después de una estancia de un año en Maracaibo pasó a ser párroco de La Concepción de La Cañada del Municipio Urdaneta, Estado Zulia,  en  1953  con otras dos iglesias o parroquias de la Ensenada y Palmarejo.

Llevó a las religiosas del Divino Maestro para la fundación de un colegio que ha sido un centro educacional con mucha influencia religiosa en La Cañada. En 1958-1959 construyó una iglesia dedicada a San Antonio  en   el Parral del Sur a un lado de la parroquia y estaba terminada para el  12 de abril de 1959,  fecha en que fue solamente  bendecida por el arzobispo de Maracaibo.

 

Al venir  de vacaciones a España el P. Juan Antonio Martínez en junio de 1959  encargó un trono precioso en  Arte Español de Madrid  para sacar en procesión a la imagen de la Inmaculada y arregló las ventas de la iglesia, que pintó y procuró adornar.

Había comenzado otra iglesia en Palmarejo cuando el 2 de febrero  se le destinó a Maracaibo de superior y construyó la iglesia de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, una de las más bonitas e Maracaibo. En 1967 pasó a Caracas de procurador, luego en 1971  a Valencia del Estado Carabobo, donde fundó una Escuela Atesanal y una funeraria.  Estuvo  dos años de procurador en Becerril (Palencia) 1992-1994 y volvió en 1995 a Venezuela donde realizó su última y gran obra con la Escuela Agrotécnica  “San Agustín”, en el Km.  58 de la carretera  de Maracaibo a Perijá en términos de la Cañada, con la ayuda de  algunos  hacendados cañaderos y del Gobierno de Venezuela. Allí se están preparando  más de 700 jóvenes  con capacitación técnica para ser empleados en las haciendas, como la que él administraba y la su de buen amigo y benefactor D. Jesús Atencio. Dios sabe las horas cincuento que pasó viendo las hortalizas y pidiendo semillas de España para ver si tenían buen resultado. A veces le faltaban parte de las hortalizas y alguno de sus animales; pero él sabía disculpar hasta a los ladrones que tenían  hambre.  Le avisé  de cierto robo que le estaban haciendo y él amonestó a los ladrones para que se lo pidiesen y supiesen cómo se conseguían los productos.

En 1981 le habían declarado “Hijo adoptivo”  de La Cañada, y luego se le concedió otra condecoración superior. Solía celebrar el 24 de junio  su onomástico con toda la posible solemnidad y, dada su gravedad,  ese día lo pensaba pasar con él en Valladolid, donde se encontraba grave la última semana.  Ese  día asistí  a su entierro en Valencia de D. Juan  en compañía de más de 30 agustinos y dos paules con bastante  fieles. Sorprendió una  gran corona de flores  de la familia  Casale encargada desde Venezuela, donde le querían mucho. Se ofrecieron por él  algunas  misas en Venezuela, una el mismo día 24  por el arzobispo de Mérida, Mons. Baltasar Enrique Porras que pasó a los demás obispos la nota o  colaboración que salió sobre él  en El Diario de León en la Sección Opinión. La  va a  publicar  en el Boletín de la Arquidiócesis de Mérida.  Salió también en la prensa de Maracaibo.

El P. Juan Antonio fue un buen misionero en China; pero donde realizó una verdadera obra social, religiosa  y pastoral fue en La Cañada del Municipio Urdaneta, Estado Zulia de Venezuela. Allí se  le considera no solo “Hijo adoptivo”, sino  también “Benefactor” y lo fue de verdad, al mismo tiempo que era un buen agustino que habrá recibido la corona de gloria que se promete según San Pablo a los que dan testimonio de la fe  como él en China y luego en Venezuela. A sus 93 años quería volver a Venezuela y si era posible a China, ya que sabía su idioma y era el último de los misioneros agustinos que habían estado allí.  Que descanse en paz y Dios premie sus buenas obras.

Fernando CAMPO DEL POZO  (Agustino)

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