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Fallece el misionero Joseba Legarza, el alma de Urkiola

Fallece el misionero Joseba Legarza, el alma de Urkiola

Hoy jueves, a las 12 del mediodía, se celebrará en el Santuario de Urkiola, el funeral por el alma del misionero vizcaíno Joseba Legarza, fallecido a los 86 años en Urkiola, su hogar desde hace 47 años.

Después de su estancia en Ecuador, continuó su tarea misionera desde Urkiola. Fue miembro fundador del equipo misionero que desde ese lugar emblemático de Vizcaya, impulsaron la dimensión misionera, acogiendo a misioneras y misioneros en sus vacaciones como lugar de encuentro para las misiones diocesanas de las tres diócesis vascas.

Joseba Legarza, nacido el 12 de enero de 1933 en Lekeitio y ordenado presbítero en 1958 en la Basílica de Begoña, desde 1962 hasta 1971 fue misionero en Los Ríos, Ecuador, y a partir de 1971, vivió en comunidad con otros misioneros imprimiendo esta dimensión al conjunto del santuario y el entorno.

Desde su sencillez y su profunda vivencia de fe, supo combinar allí todo lo que es Urkiola: contemplación, encuentro con la naturaleza, insertos en la cultura vasca, pero con apertura al mundo y acogida misionera. Joseba estaba ya a punto de salir del abadetxe – la abadía – para vivir en la residencia de venerables de Begoña.

El 28 de octubre, en un acto de agradecimiento a Joseba Legarza y a Antonio Madinabeitia, Joaquín Astiz, en nombre de las Misiones Diocesanas Vascas, se dirigía a ellos de la siguiente manera: “Habéis sabido no solo oír, sino escuchar pacientemente. Sois prudentes y discretos y habéis conseguido que en Urkiola mucha gente se haya reencontrado y hayan regresado a lo suyo reconfortados.” Él ha recibido ya el abrazo definitivo de Dios Padre y Madre en la falda del Amboto. Ciertamente nos queda su legado. También se refería a ello Joaquín Astiz en su intervención de la siguiente manera: “Urkiola ha llegado a donde hoy está en un constante construir, caminar, progresar… Es hora de recoger este legado y entregarlo a quienes abren una etapa nueva, como tal desconocida”.

Según el obispado, Joseba era así: alegre, positivo y siempre, al servicio de los demás. Falleció en el lugar donde aprendió “a vivir la dimensión contemplativa con más profundizad”, tal y como manifestaba en el último número de la revista diocesana Alkarren Barri-Comunicación. Urkiola era para él “una continuación de la misión emprendida en Ecuador”.

OMPRESS-VIZCAYA (23-11-17)

 

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