El obispo emérito de Tenerife, Damián Iguacen Borau, ha fallecido este martes 24 de noviembre de 2020 a los 104 años de edad en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados que lo atendían en el Hogar Saturnino López Nova, en Huesca. Tal y como explica la revista diocesana de Tenerife Iglesia Nivariense, el estado del obispo emérito se había deteriorado durante los últimos meses. A finales del mes de julio fue visitado por última vez por el prelado nivariense, Bernardo Álvarez. El obispo de Tenerife tras conocer la noticia, ha expresado su hondo pesar por el fallecimiento «de un gran pastor que vivió entre nosotros, como rezaba su lema episcopal, como el último de todos y el servidor de todos».

En la que fue probablemente su última entrevista, publicada por el Heraldo de Aragón, Iguacen se refería a la actual pandemia que le traía al recuerdo la «gripe» que se vivió en 1918, cuando él tenía dos años. «Hubo mucho pánico». Con esta referencia histórica,  Iguacen aseguraba que fue «una situación similar a la que ahora se vive. El ambiente era de temor». «Mis padres se portaron muy bien porque procuraron evitar el pánico. Me contaban todo en sentido positivo y resaltaban lo bueno», rememora, para asegurar poniendo en valor la virtud de la esperanza que: «No está todo perdido, podemos hacer el bien en la conversación ordinaria y esto sirve para todos, para los de arriba y abajo».

El obispo más longevo de la Iglesia española

Nació en 1916 en el pueblo aragonés de Fuencalderas (Zaragoza). Cursó estudios en el Seminario Conciliar de la Santa Cruz de Huesca. El 7 de junio de 1941 fue ordenado sacerdote. Su primer destino fue como párroco en diversas parroquias en la Diócesis de Huesca de 1941 a 1944. Fue vicerrector del seminario de Huesca de 1944 a 1948 y consiliario de Jóvenes y Mujeres de Acción Católica entre 1950 y 1969. De 1955 a 1969 pasó a ser párroco de San Lorenzo de Huesca. Posteriormente, recibió el encargo como administrador apostólico de Huesca en 1969 y fue nombrado obispo de Barbastro el 11 de octubre de 1970 hasta que en 1974, fue llamado a la diócesis de Teruel.

En 1984 fue nombrado obispo de Tenerife, ministerio que desempeñó hasta el 12 de junio de 1991, cuando la Santa Sede aceptó su renuncia y pasó a ser emérito. En la CEE fue miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia de 1972 a 1981 y de 1984 a 1993, presidió la Comisión de Patrimonio Cultural. Además, en el trienio de 1975-1978 formó parte de la Comisión para la Vida Religiosa.  De nuevo fue miembro de ella de 1981 a 1984.