Experiencias Segorbe, Enrique Martínez, en Boston
Internacional

Experiencias del sacerdote de Segorbe, Enrique Martínez, en Boston

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“La inmigración en EUA es como las pateras, pero por el desierto”

Tras un año de misión en la parroquia de Saint Joseph, en Lynn, ciudad satélite de Boston, el sacerdote diocesano D. Enrique Martínez ha aprovechado unos días de descanso para visitar la Diócesis y encontrarse con el Vicario del Clero, D. Marc Estela. Cuando en junio de 2014 mons. Casimiro López Llorente lo envió por dos años a la Archidiócesis americana, Martínez se fue con miedo de no entenderse. Al llegar comprobó que el grueso de la feligresía son inmigrantes hispanos, muchos de los cuales llegaron a los Estados Unidos (EUA) tras cuarenta horas de marcha a pie.

 “Es como las pateras en España, pero a través del desierto. Muchos han visto morir a compañeros, porque las mafias dejan atrás a los que no pueden seguir. Caminan de noche para evitar los helicópteros que vigilan durante el día, y saben que seguramente nunca podrán volver a su país y reencontrar a la familia que dejan”, explica el vicario de Saint Joseph.

 Enrique Martínez admite la sorpresa por cómo la gente recurre al sacerdote y le comparte sus vivencias: “Muchos acuden a los EUA buscando la oportunidad de sus vidas, ya que a menudo huyen de dramas familiares y sociales. Pero cuando llegan se encuentran con el miedo de ser sorprendidos sin papeles, y en la parroquia encuentran su segunda casa donde se sienten seguros”.

La situación de los inmigrantes en Estados Unidos es dramática: hay que pagar para todo, te puedes morir a la puerta de un hospital si no puedes costearte las curas, viven a menudo hacinados en una habitación y reciben la mitad de lo que se paga la hora de trabajo en el caso de los nativos. A esto, se añade el choque cultural: “La sociedad americana está marcada por una gran soledad y la dureza de que te construyes la vida solo. Además todo se vive muy deprisa. Tienes muchas posibilidades de trabajo, pero el resto no cuenta”, explica Martínez.

 En este contexto la Iglesia se convierte en un oasis en el que cada nacionalidad crea rápidamente un grupo donde integrarse. En Saint Joseph, la comunidad de referencia hispana en Lynn, cuenta con treinta asociaciones que celebran las fiestas y tradiciones de cada lugar: Colombia, Perú, México, República Dominicana…. Además, una comunidad de religiosas y la Sociedad de San Vicente de Paúl hacen visitas a domicilio y atienden las necesidades materiales.

En una cultura que sigue siendo muy religiosa y respetuosa con las creencias, las misas dominicales duran cerca de dos horas con una participación de 2.000 fieles en cada celebración, llegando a los 4.000 en las principales fiestas. En Cuaresma confesó a 800 penitentes, y en Pascua se bautizaron y confirmaron en la parroquia 70 catecúmenos. La participación en la vida parroquial y en las colectas resultan espectaculares respecto a lo habitual en España.

Al mismo tiempo D. Enrique Martínez trabaja codo a codo con el párroco –otro español, el granadino Israel Rodríguez- ante los retos pastorales: “Hay tendencia a comprometerse para que Dios te bendiga, y tenemos que intentar transformar esta actitud por el sentido de la gracia y la libertad; te encuentras con Cristo, y desde el agradecimiento por su amor cambias de vida”. El otro gran desafío son los jóvenes entre 17 y 23 años, que están rompiendo con la religiosidad imperante. A partir del 4 de septiembre Martínez retoma su puesto en Saint Joseph, Lynn.

  En la foto: D. Enrique Martínez con el cardenal arzobispo de Boston, mons.Seán Patrick O’Malley, uno de los integrantes del G8 cardenalicio del Papa.

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