Firmas

Evangelio de la vida, por José-Román Flecha Andrés

EVANGELIO DE LA VIDA 

“El  evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas”. Así comienza la encíclica Evangelium vitae.   Firmada por Juan Pablo II el 25 de marzo de 1995, es un grito profético  en defensa de la vida humana y de toda la vida, en general.

 Cuatro ideas básicas recorren toda la encíclica: 1) la afirmación de la dignidad de la persona y de su vida, en su sentido global y no tan sólo físico. 2) La consideración de la vida humana, en cuanto creada y amada por Dios y abierta al encuentro definitivo con Dios.  3) El deseo de fundar su defensa sobre la razón humana y sobre la palabra de Dios.  4) La especial solemnidad de la defensa de la vida y las condenas contra los atentados modernos que la amenazan.

  Es cierto que la vida humana ha de ser considerada como un don de Dios. Pero la encíclica da un paso más para presentarla como un auténtico “evangelio”. Según el Papa, “el Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de la persona y el Evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio” (EV 2).

Cada uno de los cuatro capítulos de la carta está titulado con un texto de la Sagrada Escritura.

  • En el primer capítulo se analizan las actuales amenazas a la vida humana y se evocan las palabras que Dios dirige a Caín tras el asesinato de su hermano Abel: “La sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo”.
  • El segundo capítulo recuerda unas palabras de Jesús: “He venido para que tengan vida” y reflexiona sobre la vida humana, en cuanto creada por Dios, redimida por Cristo, ungida por el don del Espíritu y confiada a la responsabilidad humana.
  • En el tercer capítulo resuena el precepto bíblico “No matarás”, con referencia a los modernos atentados del aborto y la eutanasia y a la actitud de la conciencia ante las leyes civiles que promueven tales atentados.
  • El cuarto capítulo recuerda que Jesús se identificará con los desvalidos y marginados: “A mí me lo hicisteis”. Estas palabras nos exhortan a promover una nueva cultura de la vida humana.

La encíclica concluye con una oración en la que se confía a Santa María la causa de la vida, al tiempo que se implora su ayuda para poder anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la vida.

Esta encíclica nos revela las mil formas del desprecio a la vida humana y su dignidad sagrada. Da una respuesta cristiana a los muchos interrogantes que hoy se presentan en el campo de la medicina y de la biotecnología. Nos ayuda a comprometernos en la defensa de la vida humana, don de Dios y responsabilidad de cada uno de nosotros. Y nos ofrece, en fin,  una inspiración para la plegaria.

Con ella pedimos la gracia de acoger, celebrar  y  testimoniar  el Evangelio de la vida “para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida” (EV 105).

José-Román Flecha Andrés

 

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,