Opinión

Eutanasia: ¿muerte digna o suicidio asistido?

Con motivo de la presentación en el Congreso de los Diputados de un anteproyecto sobre la legalización de la Eutanasia, como un derecho, se está produciendo un debate emocional e ideológico que ha superado las cuestiones más elementales de la ciencia la medicina el derecho y la ética. Cuando se propone por parte de la ideología política del pensamiento único el posible derecho a morir con dignidad, se está pensando en reconocer legalmente un derecho a los individuos para que puedan tomar por sí mismos decisiones relativas a su propia muerte. Es decir se habla de un derecho a morir como personas, con el mismo respeto con los que se atraviesan otros aspectos de la vida humana. En este sentido morir con dignidad no supondría necesariamente el ejercicio de la eutanasia, ni ésta supondría una muerte digna.
Pero según el anteproyecto presentado por el Gobierno y aprobado por los partidos que le han apoyado en la moción de censura, los mismos con los que gobierna, la muerte digna no está considerada así, sino que se centra en la eutanasia como un derecho humano. Esto supone que se tiene por parte de la persona, el derecho a disponer de su propia vida como crea conveniente, pues es la persona quien es dueña de su propia vida y de su propia muerte y no se la puede obligar a vivir contra su voluntad. La eutanasia activa es la pedida o actuada por el enfermo de manera autónoma. No es eutanasia activa la impuesta por una persona ajena al enfermo, porque la decisión de vivir o morir no puede tomarla nadie en nombre de otro o sin consentimiento. La Eutanasia activa y voluntaria es considerada por la moral normal y natural como absolutamente negativa e inmoral. La moral Católica, permite la omisión de aquellos medios y recursos que se consideran desproporcionados, cuando solo sirven para mantener una vida puramente vegetativa o cuando los pequeños beneficios que se pueden obtener quedan superados por otros sufrimientos. El uso de tratamientos destinados a aliviar el dolor (analgésicos, sedantes…,) puede ser moralmente lícito conforme a la dignidad de la persona humana, si la muerte no es pretendida. Estos remedios no suponen nunca la eutanasia, que se da cuando por acción u omisión se pretende causar la muerte con el fin de eliminar el dolor. Es muy necesario distinguir entre la eutanasia activa que está orientada a procurar deliberadamente la muerte del enfermo; voluntaria si se realiza a petición expresa del paciente; involuntaria si se aplica sin que el enfermo la pida y la desee. Se habla entonces de suicido asistido. Que nada tiene que ver con la obstinación terapéutica, que se produce ante la certeza moral de que los medios procurados a un paciente no le proporcionan beneficio alguno y solo sirven para prolonga su agonía. La llamada medicina paliativa es muy importante para atender con dignidad a los enfermos y evitar el recurso a la eutanasia como recurso inmoral basado en una concepción materialista y economicista de la persona humana y su dignidad de creada a semejanza de Dios.

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