Cartas de los obispos Última hora

Eucaristía y caridad, por Joan Planellas

Con el Corpus, llega el día de Cáritas. Es el momento de hacer balance de cuanto se ha hecho el último año en relación a la caridad, y también la hora de tomar conciencia de los retos actuales y afrontarlos de manera valiente y generosa.

En los últimos meses, con la crisis del Covid-19, se ha hablado mucho de solidaridad, tanto que puede quedar desdibujado su verdadero concepto. La solidaridad, desde una perspectiva cristiana, no es simplemente la gestión cuidadosa de unos recursos para los necesitados. La solidaridad, desde la fe, es un servicio que exige ponerse en el lugar del que sufre la situación de carencia, comprender esta situación, asumir el problema como propio y dedicarse plenamente a encontrar soluciones o, al menos paliar la anomalía. La solidaridad, desde la fe, pide acompañar a las personas vulnerables y entrar en sus angustias personales, aportando sentido y esperanza. La solidaridad es un deber de todo cristiano. Exige mucho y, a veces, no se encuentran caminos para hacerla realidad.

La Iglesia, siempre ha unido la Eucaristía con la caridad. A la luz del Evangelio, el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1.397) enseña que «para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (Cf. Mt 25,40». De ahí que la fiesta del Corpus sea el día de Cáritas.San Juan Crisóstomo (ca. 347-407)une íntimamente Eucaristía y fraternidad en una homilía plenamente actual, dieciséis siglos después de ser escrita. Dice así: «¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. […]El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos. […] ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo.»(Hom. 50, 3-4).

Fijaos que no se trata deactos de beneficencia, sino de hechos de justicia, ya que todo el mundo tiene derecho a una libertad y una vida dignas. El hambre y la pobreza recortan esta dignidad. Después de la crisis del Covid-19, podemosadvertir lasmuchas carencias que afectan abuena parte de nuestra sociedad. En primer lugar, carencias de valores, de ideales, de motivaciones profundas, de sentido de la vida y de trascendencia…; carencias que unidas a la precariedad económica agravan la situación. Y, en segundo lugar,graves carencias de recursos humanos que perturban la forma de vivir y desembocan en situaciones casi límites. Faltan recursos para cubrir gastos de alquiler, de agua, de electricidad, de gas…, incluso de la suficiente y adecuada alimentación. En el fondo, se adivina el monstruo del paro. Este grave problema produce producir trastornoscada vez más vitales, sobre los que, por demasiado sabidos, no queremos insistir.

A Cáritas le surge mucho trabajo. ¡Colaboremos de corazón! Juntos podemos hacer mucho. Invito a los más jóvenes a hacerse voluntarios. Cáritas forma parte del servicio profesional y organizado de la caridad de la Iglesia. Hace falta, pues,decidirnos a colaborar con quienes ya trabajan para los pobres, aportando el sentido de nuestra fe y de nuestra esperanza, preocupándonos por cada persona y por su dignidad. Este debe ser, precisamente, el plus de nuestra institución eclesial en relación a otras asociacionesciviles.

Vuestro.

+Joan Planellas Barnosell
Arzobispo de Tarragona

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