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Eucaristía de acción de gracias en Oviedo por el beato Juan Alonso Fernández

Este viernes, 28 de mayo, se celebrará, a las 19,30 h, en la catedral de Oviedo, la Eucaristía de acción de gracias por la beatificación del misionero asturiano Juan Alonso Fernández

Su beatificación, junto con la de dos misioneros más y siete laicos catequistas, tuvo lugar en Santa Cruz de El Quiché, el pasado 23 de abril de 2021.  Con él, son ya 45 los religiosos asturianos beatificados. La Misa estará presidida por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, y contará con la presencia del padre Francisco Blanco Martín, Provincial de  los misioneros del Sagrado Corazón, congregación a la que pertenecía el  nuevo beato, asesinado en El Quiché (Guatemala), en 1981.  

Juan Alonso Fernández: «¿Quién puede separarnos del amor de Cristo?» 

Tal y como informaba nuestro compañero José Ignacio Rivarés en el número 4072 de ECCLESIA, al sacerdote Juan Alonso (Cuérigo, Asturias, 1933), lo interceptaron cuando se dirigía en moto a visitar una comunidad indígena, y antes de pegarle tres tiros en la cabeza los soldados lo torturaron. Su muerte martirial se produjo en La Barranca el 15 de febrero de 1981. Diecinueve días antes había escrito a su hermano: «No quiero que me maten, pero no estoy preparado, por miedo, para dejar a estas personas. Una vez más, ahora pienso: ¿quién puede separarnos del amor de Cristo?».

Tras el asesinato de sus dos compañeros, los sacerdotes del Quiché habían decidido dejar la diócesis para llamar la atención del mundo sobre lo que estaba ocurriendo allí. Hasta el obispo hubo de marchar a un lugar más seguro. Transcurridos seis meses, sin embargo, se decidió que cuatro de ellos volverían para acompañar y asistir a los fieles de las comunidades en su tribulación. Y el padre Alonso, que esos momentos trabajaba en el vicariato apostólico de El Petén, fue uno de ellos.

El día anterior a su asesinato le dijeron. «¡Padre, lo buscan, mejor sería que se fuera, porque si no lo pueden matar!». Él cogió un crucifijo grande que siempre llevaba consigo y dijo: «Por Él me hice sacerdote, y si por Él tengo que morir, aquí estoy!» (Testigos Fieles del Evangelio, nota 72, p. 191).

Lo mataron a las tres de la tarde. Unas horas después un soldado borracho alardeaba en Uspantán de la «hazaña»: «¡Hemos matado a un cura más!».



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