Opinión

Estudio con-sentido, por José Moreno Losada

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Estudio con-sentido, por José Moreno Losada

El martes comenzaba mi nueva andadura de profe en la Facultad de Educación de Badajoz. Un año más, me encontraba con un aula, la misma del año del año anterior, adornada todavía con los trabajos de los alumnos ya egresados, pero ocupada por caras de alumnas que me esperaban para que presentara la asignatura y, así, comenzar el nuevo curso.

Ellas, expectantes y con sonrisa amplia; yo, tras 20 años naufragando en este quehacer, con la misma ilusión del principiante. Juntos, hicimos una presentación mutua para saber quiénes éramos y, desde ahí, comenzar la materia. Son jóvenes estudiantes, se preparan para ser maestras de Educación Infantil, y yo comparto con ellas lo que se refiere a la pedagogía y didáctica de la enseñanza religiosa escolar en infantil. Todo un reto para mí, y espero que llegue a serlo para ellas.

Ya comenzamos a hablar de preguntas fundamentales que van a estar de fondo de nuestro trabajo: ¿por qué estudiamos?, ¿para qué?, ¿para quién? Así como: ¿Escuela por qué, para qué, para quién…?, ¿y cómo?

Hoy llego al despacho y comienzo a preparar la estrategia de estas primeras sesiones, en las que trato de ayudarles a reflexionar el por qué de la religión en la escuela y cómo debe estar en ella. Enraízo la cuestión en la razón del saber y del estudio como fundamento de la realización del ser humano, tanto en su ser en sí mismo, como en su ser para los demás. Parece complejo, pero es sencillo; así, les recordaba la frase de Nietzsche de “quien tiene un por qué para vivir resiste cualquier cómo”.

Me acuerdo de los últimos datos que estamos teniendo sobre la Comunidad Europea… son llamativos en lo que a España se refiere, pues tenemos más de la mitad de la población juvenil, entre dieciséis y veinticuatro años, que ni trabajan ni estudian. O sea, sin tener nada que hacer todo el día. Pero, además, en un diario nacional nos dicen que la mitad de los que están parados en España dejaron de estudiar a la edad de catorce años, lo que quiere decir claramente “fracaso escolar”.

La cuestión es de un gran calado y la escuela tiene que dejarse interpelar por este problema –junto a toda la sociedad- y, cómo no, la universidad y las facultades de educación donde se preparan los futuros maestros. Y, de un modo especial, los de Educación Infantil. Recuerdo cómo en Finlandia lo que más cuidan es la educación infantil, de tal manera que las exigencias mayores para poder cursar en la universidad están para los que eligen ser maestros de los más pequeños, más que en medicina.

 

Me sirve de punto de partida para plantear el sentido y la función de la escuela y el oficio de maestro: para poder interpelar cuál está siendo el sentido de su estudio, qué modelo de estudio están realizando y a qué profesional y tipo de escuela aspiran. Todo va al hilo de mi preocupación por la relación entre sentido del estudio, motivación y futuro profesional, entre el bien externo e interno de las profesiones.

 

Por eso, hoy les convocaré a reflexionar sobre ellas mismas y sus motivaciones estudiantiles:

¿Por qué estudio?, ¿qué me aporta estudiar?, ¿qué modelo de estudio es el que estoy desarrollando?, ¿disfruto o sufro con mi estudio?, ¿tengo esperanzas profesionales o vivo con el presentimiento del fracaso?

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