En un lugar...

Estudiar a Dios

Hoy quiero contar algo personal, así que disculpad la osadía. Pero es que hoy es el día en el que voy a hacer el último examen de la carrera de Teología (que en lenguaje eclesiástico llamamos ‘bachiller’) en la Universidad Pontificia Comillas. Han sido muchos años y cambios vitales desde que entré por primera vez en septiembre de 2013 a una clase Introducción a la Sagrada Escritura en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla con el ya difunto Gonzalo Flor. Como todos los genios, los conocimientos bíblicos que nos transmitió quedan bajo la sombra de su calidad humana.

En días como hoy toca echar la vista atrás, aunque sin demasiada pausa porque aún queda rematar la faena con la Memoria de Bachiller, que será lo que dirá si de verdad he conseguido integrar los conocimientos y competencias necesarios para ser llamado ‘teólogo’, algo que da muchísimo respeto. Espero conseguirlo y espero que me ayude, porque si Dios escribe recto con renglones torcidos, cada cierto tiempo descubro que es así.

¿Por qué estudiar Teología, si no sirve para nada, utilitaristamente hablando? ¡Precisamente por eso! Aunque para algo sí que es útil. No solo hay que hablar de Dios, sino que hay que hablar bien de Dios y, para eso, estudiar lo que muchos siglos de teólogos en la Iglesia han dicho y siguen diciendo, sirve. Al menos, si no llega para eso de hablar bien, por lo menos ayudará a no hablar mal de Dios, que ya es mucho.

Aunque la idea no es suya, se lo escuché hace años a Moisés Pérez, un dominico, «estudiamos para amar más y mejor». Esa frase me cambio la perspectiva que tenía sobre el estudio y los libros, que ya era buena de antes. Y me di cuenta de que aquello que decía lo había experimentado así, sin ponerle nombre, con muchos libros que me topé en la vida. Muy parecido a cuando estudié Periodismo y descubrí que Los cínicos no sirven para este oficio.

Las universidades en la Europa Medieval nacieron de la mano de la Iglesia, y en ellas la disciplina más importante era la Teología. Hoy, en muy pocos centros conviven estos estudios con los considerados normales. Sin embargo, pocas enseñanzas me han resultado más iluminadoras que estudiar (a fondo) los filósofos de la sospecha en Teodicea, leer buenos comentarios exegéticos, o analizar la realidad desde los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia.

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