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Estudiantes diocesanos de Getafe rehabilitan el Monasterio de Clarisas de Orduña

La Delegación diocesana de enseñanza de Getafe unida a la de Pastoral Universitaria organizó un campo de trabajo en el Monasterio de las Clarisas de Orduña, situado en Vizcaya y perteneciente a la diócesis de Vitoria, en el que han participado más de 150 estudiantes acompañados de profesores de la diócesis de Getafe.

Un grupo de un centenar de estudiantes viajó desde el 14 al 18 de julio acompañado por el delegado de Enseñanza, Javier Segura, y después, desde el 18 al 26 de julio, otro grupo de sesenta personas lo hizo bajo el auspicio de la delegación de Pastoral Universitaria y de su delegado Miguel Ángel Iñiguez. A ellos se unieron algunos seminaristas de la diócesis y de otros lugares de España que llevaron a cabo tareas de limpieza, desescombro y restauración tanto del Monasterio como de los alrededores.

En declaraciones a los medios de la diócesis de Getafe, Miguel Ángel Iñiguez explicó que «sacerdotes, seminaristas y jóvenes trabajaron codo con codo en el tratamiento y recuperación de las vigas; en picar y descubrir los muros de la Iglesia; tirando tabiques, acarreando madera o chatarra. Junto a estas labores también se ocuparon del reacondicionamiento del cementerio, desaparecido bajo capas de maleza o de los caseríos y jardines adyacentes al Monasterio».

«Pero no sólo hemos trabajado» añadió el delegado de Pastoral Universitaria, «cada jornada comenzaba con la oración, para encomendar las tareas del día, y luego había diferentes momentos dedicados al Señor. En este campo de trabajo se promovía el crecimiento integral de los jóvenes, abarcando el aspecto humano (con el esfuerzo, la entrega, la convivencia, el trabajo); el espiritual (tiempos de oración, misa) y el intelectual (a través de la formación)».

Iñiguez expuso que «las mañanas se dedicaban a la restauración del convento, pero por las tardes había tiempo para convivir y compartir con otros jóvenes a través de dinámicas, juegos o el descanso; después llegaba la formación y puesta en común y los ‘bincas’, paseos de dos en dos con rezo del Rosario, reflexión. El día terminaba con una meditación y el examen de conciencia sobre todo lo vivido en el transcurso de la jornada».



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