En un lugar...

Esto no es un «reality»

Todos los que han hecho alguna vez montañismo lo dicen: la bajada es tan importante como la subida porque de nada sirve subir a la montaña si no somos capaces de regresar. Igualmente cuidadosos hay que ser con volver a la superficie después de bucear: alguien que tenga mucha prisa y no realice las descompresiones necesarias puede acabar necesitando ser hospitalizado en un centro que disponga de una cámara hiperbárica.

Son algunas metáforas que nos pueden servir para esta fase. Estamos cansados, queremos terminar, y vemos el final cerca. Pero todavía no hemos llegado a la meta y, de hecho, ni siquiera estamos seguros de cuándo llegaremos. Habrá lo que los ciclistas llaman ‘metas volantes’, pequeños hitos que nos recordarán que avanzamos.

Igual estoy escribiendo esto para recordarme que, aunque haya pasado lo peor, queda lo largo y lo cansado, y necesitamos estar tan atentos, o más, que al principio. Jugamos con ventajas: conocemos mucho más sobre ese bicho que nos amenaza, cómo se transmite y cómo tratarlo.

La vuelta a esa nueva normalidad no será ni vuelta, ni normalidad. Como a un montañista alcanzar una cima le cambia, a nosotros el haber bajado a los infiernos de una pandemia nos ha cambiado. No podemos volver a donde estábamos. De la misma manera, tampoco será normalidad. Por lo menos, no en mucho tiempo: sin abrazarnos, poniendo mamparas donde antes había apretones de manos; sobre todo, sin muchos de los que antes estaban.

Por eso me incomoda ciertas comparaciones que se toman como un juego lo de las fases, en tono de reality, cuando más bien es real. No seré quien diga que no hay que poner humor a las cosas pero, con esto, no me sale.

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