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Este sigue siendo el tiempo de la misericordia – editorial Ecclesia

Este sigue siendo el tiempo de la misericordia – editorial Ecclesia

El Año Jubilar de la Misericordia —escribíamos hace ya un mes en esta misma página Editorial (número 3.854)— ha sido extraordinario en todos los sentidos. Es probable que haya sido la convocatoria eclesial de las últimas décadas de mayor impacto en la vida de la comunidad católica y en la misma opinión pública. Sus cifras y registros externos —es imposible contabilizar, ni tan siquiera intuir, cuánta gracia de Dios se habrá derramado este año en los corazones de cientos, de miles y de millones de personas y el bien que habrá hecho— así lo indican (ver páginas 31 a 33). Pero quizás lo mejor de todo esto viene ahora, vendrá a partir de ahora porque este sigue siendo el tiempo de la misericordia. El Jubileo concluye, sí, pero la misericordia no se “jubila”, no se puede “jubilar”…

Al igual que hicieran san Juan Pablo el 6 de enero de 2001, al concluir el Gran Jubileo del Año 2000 con la magnífica carta apostólica Novo millennio ineunte, y el mismo Francisco al acabar el Año Santo de la Fe 2012-2013, con la emblemática y programática exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Santo Padre ahora nos ha regalado otro espléndido documento, la carta apostólica Misericordia et misera, una nueva brújula para la misión evangelizadora de la Iglesia desde la clave preciosa e inexcusable de la misericordia.

«Misericordia et misera» son las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11). Y estas dos palabras y la referida escena evangélica se convierten ahora en el hilo conductor de la carta apostólica de Francisco tras el Jubileo de la Misericordia. En la página 32 de este número ofrecemos una síntesis de la misma y su texto íntegro —ocho páginas de nuestra revista— será publicado la próxima semana. El documento es hermoso, sencillo, equilibrado, directo, catequético, pastoral. Su lectura es muy fácil, aprovechable y recomendable, tanto a nivel particular como para grupos apostólicos, formativos, de revisión de vida, de oración, de vida comunitaria, etcétera.

¿Cuáles son las claves esenciales de esta carta apostólica y sus acentos más pronunciados y más interpeladoras? En primer lugar, la Misericordia et misera sitúa a la Iglesia de nuestra hora en estado permanente de misericordia. Una misericordia que es perdón, acogida,  encuentro, transformación, alegría, fraternidad, solidaridad, misión, opción por todos los pobres y por las pobrezas. Este estado de misión permanente de misericordia al que llama la carta apostólica brota de la misma esencia del Evangelio –“el nombre de Dios es misericordia”, que escribiera certera, hermosa y lapidariamente Francisco al comienzo del Jubileo- y de la naturaleza,  quehacer, servicio de la Iglesia. Un estado de permanente misión que puede encontrar, además, en las distintas celebraciones y, sobre todo, en el espíritu y alma del Año Santo recién concluido algunas de sus referencias.

En este sentido, Francisco acierta al mantener en vigor en la vida y en la praxis de la Iglesia algunas de las disposiciones de gracias del Año de la Misericordia: la figura de los misioneros de la misericordia, la iniciativa “24 horas para el Señor”, la facultad a todos los sacerdotes de poder absolver a quienes hayan procurado el aborto –“quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente”, afirma textualmente Francisco al respecto- o la posibilidad a los fieles que frecuenten iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de los pecados.

Asimismo, Francisco anuncia la institución de dos nuevas jornadas eclesiales: un domingo dedicado singularmente a la Palabra de Dios y la próxima jornada mundial de los pobres, que será en toda la Iglesia el domingo previo a la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, el domingo 34 del tiempo ordinario.

Las tradicionales y siempre nuevas y vigentes obras de la misericordia –“han pasado más de dos mil años y, sin embargo, las obras de misericordia siguen haciendo visible la bondad de Dios- escribe el Papa-, las siete corporales y las siete espirituales, todas y cada una y de modo artesanal, que han sido una utilísima guía durante todo el Jubileo, quedan también puestas de relieve y hasta revalorizadas y actualizadas, de modo además concreto y pormenorizado, en la carta apostólica, a la que  ecclesia  volverá también la próxima semana.

           

 

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