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Estados Unidos y los católicos

El pasado 3 de noviembre, los estadounidenses votaron para elegir presidente de Estados Unidos. La situación en ese país nos afecta a todos, queramos o no, por muchos motivos y me gustaría detenerme en la polarización que ha habido en la comunidad cristiana, incluida la católica.

Partamos de la base de que votar a uno u otro, desde los cimientos democráticos, es legal y lícito mientras los elegidos cumplan y respeten las normas constitucionales de todo país civilizado. Un cristiano puede ser del color político que quiera siempre y cuando tenga presente en su acción el compromiso social de ayudar al prójimo y el de ser coherente en su seguimiento a Jesús, como miembro de la Iglesia. Son unos mínimos de obligado cumplimiento para quien se haga llamar seguidor de Cristo en este tiempo que nos toca vivir. Votar una opción u otra es síntoma de libertad, algo radicalmente intrínseco en los cristianos. Depositar una papeleta azul o roja, demócrata o republicana, de izquierdas o de derechas no debe suponer censura ni acusación. No todo es blanco o negro. Hay una escala infinita de colores entre ambos. Los católicos tenemos nuestros propios acentos y nuestras preferencias sociales, pero hay una cosa indiscutible que nos une: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Desde ahí, todo es posible. Pero cuando decidimos solo quedarnos con una parte de ese compendio que aglutina todo el armatoste que forma la esencia del Evangelio y la cual nutre la doctrina cristiana, ya no estamos actuando con base a nuestra fe; son otros los factores que pesan más y nos arrastran. Los diez mandamientos, las bienaventuranzas, las virtudes teologales y cardinales, las encíclicas, los dogmas, etc. Todo se resume en Ama a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo. Fuera de esto, también se puede votar, una mayoría lo hace de hecho, pero ya no actuamos y deliberamos como cristianos, sino como ciudadanos empujados por otros intereses. ¿Se puede amar a Dios y pensar en el bien del prójimo? No solo se puede, sino que está tan unido que lo primero es inseparable a lo segundo. ¿Recuerdan aquello de que somos hermanos bajo el mismo Padre? ¿Han leído hace poco lo de cuanto hicisteis a unos de estos mis hermanos, a mí me lo hicisteis?

Los católicos debemos tener presente al elegir a nuestros representantes cosas tan básicas y tan representativas del sentir cristiano como el ser transparentes y honrados, que no mientan,  que no denigren a la persona por su sexo, credo o procedencia, que busquen la paz y no la guerra, que no distingan entre razas, que tiendan puentes y no muros, que defiendan la vida y su dignidad, no solo en su concepción previo al nacimiento sino en toda su extensión, que se preocupen de los más vulnerables, que sean respetuosos con la dimensión trascendental del ser humano, que amen la libertad, que busquen el progreso conservando los valores que nos han guiado en ese camino, que escuchen, estudien y actúen para el bien común y no pensando en los sondeos y las próximas elecciones, que se rodeen de buenas personas y profesionales, que cuiden la Creación, que vean a la familia como el pilar de nuestra sociedad. Son algunas de las cuestiones que deberíamos tener en cuenta a la hora de ir a votar. Y en unas ocasiones, esas cualidades las representará el candidato azul y, en otras, el rojo, porque no siempre uno encarna todas a la vez y rara vez el que lo parece lo lleva a término. Reconozco lo difícil de esta decisión pero debemos caminar por aquí.

Lo que ya no es de recibo, bajo ningún pretexto, es acusar de haber votado mal, de señalar al adversario –que no enemigo– y ya el colmo es agredir verbal y físicamente a quien no ha votado lo que debería haber votado. Hablo de todos, de cristianos republicanos acusando a cristianos demócratas y viceversa. Estados Unidos tiene un potencial que ya ha demostrado en varias ocasiones. Es triste ver la confrontación violenta, llena de odio en muchas ocasiones, que sacude a muchas ciudades del país. Solo espero que toda persona con convicciones cristianas sea instrumento de paz y ejemplo de convivencia, que es lo que necesita ahora la sociedad estadounidense, y siempre respetemos los resultados, las opciones y las decisiones.

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