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Estados Unidos: una esclava y tres inmigrantes camino de la santidad

Estados Unidos: una esclava y tres inmigrantes camino de la santidad

 En 1990, una asamblea que reunió al clero católico de color de Estados Unidos designó el mes de noviembre como el mes dedicado al recuerdo de las historia de los católicos negros. Precisamente este 14 de noviembre los obispos de todo Estados Unidos han abierto su Asamblea General con una misa en la Parroquia de San Pedro Claver, el santo misionero jesuita que dio su vida al servicio de los esclavos. Se trata de la “Iglesia Madre” de los católicos negros de la zona oeste de Baltimore, situada en medio del barrio donde, la pasada primavera, estallaron violentas protestas. Fueron la respuesta a la muerte de Freddie Gray, un afroamericano que había fallecido como consecuencia de las heridas sufridas bajo custodia policial.

San Pedro Claver se convirtió en un lugar de oración justo después de las protestas y los feligreses propiciaron encuentros de miembros de la comunidad en el centro parroquial, además de implicarse en la limpieza de cristales y escombros.

Los obispos de Estados Unidos eligieron la parroquia, dedicada al santo patrón de los esclavos, patrón también de la atención pastoral a los afroamericanos, para mostrar su apoyo a las parroquias de vecindarios que han visto cómo aumentaba la violencia en los últimos tiempos. “Esta parroquia ha sido el hospital de campaña de que hablaba el Papa Francisco”, reconocía el mismo arzobispo de la ciudad de Baltimore, Mons. William Lori.

En esta línea, en la misma Asamblea General de los obispos, que concluía este miércoles, se han respaldado – con la respuesta a la “consulta canónica” – cuatro causas de beatificación y canonización. Se trata de una antigua esclava y tres inmigrantes, que muestran cómo la Iglesia la construyen personas sencillas, nacidas en circunstancias difíciles, que son un ejemplo de vida y amor a Dios.

Julia Greeley nació en esclavitud en Hannibal, Missouri, entre 1838 y 1848. Siendo muy joven, sufrió maltrato a manos de su amo esclavista, que le destrozó el ojo derecho, mientras pegaba a su madre. Fue liberada en 1863 con la proclamación de la emancipación del presidente Abraham Lincoln, y se hizo católica recibiendo el bautismo en 1880. Como laica franciscana, se implicó de manera activa en la promoción de la fe y la devoción al Sagrado Corazón. Muy querida por sus actos de caridad y misericordia con quienes vivían en los márgenes de la sociedad, a pesar de que ella misma vivían en extrema pobreza. Falleció en 1918.

La hermana Blandina Segale nació en 1850 en Cicagna, Italia. Ella y su familia emigraron a Estados Unidos en 1854 y se establecieron en Cincinnati. Entró como religiosa en las Hermanas de la Caridad con 16 años. La hermana Blandina trabajó en colegios, orfanatos y hospitales en Ohio, Nuevo México y Colorado. Se convirtió en una defensora de los pobres, los enfermos, los marginados, los nativos americanos y los inmigrantes mexicanos e italianos. Solía visitar las cárceles y estaba muy comprometida en la lucha contra el tráfico de seres humanos y la delincuencia juvenil. Falleció en 1941, con 91 años de edad.

El padre Patrick Ryan nació en 1845 en el condado de Tipperary, Irlanda. Su familia emigró y se estableció en Nueva York. Fue ordenado sacerdote en 1869 en Nashville, Tennessee. Párroco durante seis años, fue un pastor que dio su vida por sus feligreses. En 1878, murió con 33 años de edad, cuando su comunidad de Chattanooga fue golpeada por una epidemia de fiebre amarilla que acabó con la vida de cientos de personas. El padre Ryan fue de hogar en hogar, en las zonas más infectadas de la ciudad, ayudando a los enfermos y necesitados. Había abierto además una academia de estudios y un colegio parroquial que puso bajo la dirección de las hermanas dominicas.

El padre Bernard Quinn nació en 1888 en Newark, Nueva Jersey, hijo de inmigrantes irlandeses pobres. Ordenado sacerdote en 1912 ejerció su ministerio en la diócesis de Brooklyn. Promovió las vocaciones sacerdotales y religiosas entre los afroamericanos, y ayudó a los más necesitados. Tras su vuelta de la Primera Guerra Mundial, donde sirvió como capellán, creó la parroquia de San Pedro Claver, dedicada a los afroamericanos católicos. La gran depresión y sus efectos en esta comunidad le llevaron a fundar un orfanato que fue quemado dos veces el Ku Klux Klan. Poniendo su vida en peligro, logró levantar por tercera vez el orfanato. Siguió con la construcción de una escuela parroquial, un convento y un centro parroquial en el que se admitía a todo el mundo sin importar su raza o religión.

OMPRESS-BALTIMORE (18-11-16)

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