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«Espíritu, ¿hacía dónde guías nuestras Iglesias» (2) Una Iglesia que anuncia a Jesús, el Señor

Estimados y estimadas,

En la Carta Dominical del último domingo, proponíamos glosar y comentar durante varias semanas el documento de los obispos de Cataluña del mes pasado, publicado a propósito del vigésimo quinto aniversario del Concilio Tarraconense: «Espíritu, ¿hacia dónde guías nuestras Iglesias?».

En el intento de respuesta a esta pregunta capital, debemos afirmar, ante todo, que la razón de ser de la Iglesia y la misión común de todos los bautizados es anunciar que Jesús es el Señor. El Espíritu nos empuja a esta tarea ingente, aunque en el contexto actual los retos con los que nos encontramos se han hecho enormes. Los obispos constatamos como «con la irrupción de varios fenómenos sociales y culturales de gran alcance, como la globalización, la secularización y la cuarta revolución tecnológica, ha aumentado la indiferencia religiosa y ha eclosionado una religiosidad individualista alejada de las confesiones religiosas tradicionales». Al mismo tiempo, «en el marco de una sociedad líquida, se han roto muchas cadenas de transmisión “natural” de la fe, sobre todo dentro de las familias», haciendo que Cataluña se convierta verdaderamente en un país «de misión».

Ante este nuevo paradigma, si bien «el sujeto que comunica el Evangelio y sale en misión es el Pueblo de Dios en su conjunto», conviene recordar que «cada bautizado» es llamado a realizarlo en su propio ámbito. Ningún cristiano convencido puede quedar excluido. Lo exige nuestra propia dignidad como cristianos. «Propagar el Evangelio y proponerlo con los hechos y las palabras, suscitar nuevos amigos de Jesús, no es proselitismo sino profecía».

Decir que Jesús es el Señor va más allá de una presentación de la vida de Jesús de Nazaret. Quiere decir confesar y proclamar que Jesús es el Hijo de Dios, autor y salvador de la vida. «El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Juan 11, 25), nos dice Jesús.

Los cristianos debemos comunicar esta fe en medio de la indiferencia religiosa del mundo de hoy, estando «siempre listos para dar una respuesta a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza», como encontramos escrito en la primera carta de san Pedro. Ahora bien, la misma carta indica que esto lo debemos hacer «con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo» (1Pedro 3,15-16). Esta fe y esperanza conviene refrescarla y fortalecerla. Entonces nuestra convivencia humana se convertirá también en una comunión de fe. Los caminos que tenemos para anunciar que Jesús es el Señor, además del anuncio explícito en forma de propuesta positiva, son el propio testimonio de vida, que es imprescindible. Pero, además, es muy importante el diálogo con la sociedad, el servicio gratuito y perseverante a los necesitados y las manifestaciones de religiosidad popular.

La evangelización no es un proceso mecánico. Es Dios quien regala el don de la fe. Pero, al mismo tiempo, pide nuestra mano de obra.

 

+ Joan Planellas Barnosell
Arzobispo de Tarragona



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