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Esperanza Aguirre: «La Ley Celaá es un retroceso para la libertad»

La ex presidenta de la Comunidad de Madrid y ex ministra de Educación, Esperanza Aguirre, destacó que la Ley Celaá «es un retroceso para la libertad». Así lo expresó este lunes 14 de diciembre durante un coloquio celebrado en el Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt, de Pozuelo de Alarcón, donde la ex ministra aseguró que esta ley «baja el listón de la educación para igualar a los niños por abajo». Una ley educativa, que además, no garantiza la libertad de elección de los padres y considera especialmente grave que «en 10 años condene a la educación especial a su desaparición». Aguirré participó en este coloquio en el que se presentó además, el primer «Barómetro Schoenstatt sobre Educación, Humanización y Futuro», elaborado por el Observatorio de la Educación para un Futuro Más Humano.

Derecho de los padres a decidir

Un estudio que visibiliza que el 60% de los padres considera que los colegios se están deshumanizando y solo se encargan de transmitir conocimientos teóricos. La encuesta, realizada a más 2.000 padres y madres, refleja que la principal asignatura pendiente de los centros españoles para los padres es diseñar un sistema capaz de adaptarse a las necesidades de cada alumno, según apuntan cuatro de cada diez. Esta necesidad de los padres choca de manera frontal con algunos aspectos de la nueva Ley, que tal y como expresó Aguirre, «es retroceso» en cuanto a la libertad de elección de centro, «un derecho que la Constitución concede a los padres, que deben poder elegir el tipo de educación que desean para sus hijos». Aguirre argumentó que al retirar el Gobierno la llamada «demanda social» impide, de facto, que los ayuntamientos o las comunidades autónomas puedan construir nuevos colegios en función de lo que pidan los padres. «Eso no cuenta para ellos», ha dicho en referencia al Gobierno. «Para ellos, la enseñanza pública tiene más importancia que la enseñanza privada o concertada, aunque sea esta la que pidan los padres». El Gobierno pretende imponer, en su opinión, un modelo de educación «pública, única y laica y no facilitar la creación de centros privados o concertados o que no haya libertad para la fundación de entidades educativas y la creación de centros».

Bajar el listón

Esperanza Aguirre ha destacado la tendencia a «bajar el listón» en la educación y a «igualar por abajo» a todos los niños «en la misma aula, aprendiendo lo mismo, sean cuales sean sus aptitudes». «No todos los niños son iguales», ha destacado. De esta forma, el barómetro refleja el deseo de las familias españolas por una educación más centrada en las necesidades de cada niño y en la que los colegios y familias unan sus fuerzas para guiar al alumno –el verdadero responsable–, en un proceso en el que pueda desarrollar todo su potencial individual. Este es el papel que los padres esperan de los profesores: provocar y motivar el aprendizaje en el alumno, un crecimiento integral que le permita identificar sus necesidades únicas. Yo creo, añadió Aguirre, «que no hay que juzgar la educación por lo que cuesta o por lo que se invierte en ella, sino que hay que juzgarla por los resultados». Hay que preguntarse cómo salen «esos niños en formación académica y en formación de valores» y si la educación que reciben «les va a ser útil para desenvolverse en la vida adulta».



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