Firmas

Espaldas mojadas: Inmigrantes en el Estrecho, por José Luis Pinilla

A través del rostro de los inmigrantes y de las situaciones de sus vidas, el Señor sale en el camino a nuestro encuentro y nos habla

Imaginemos a los inmigrantes provenientes del Norte de África en los momentos previos al comienzo de sus  largos viajes (a pie, en patera, o en buques destartalados, escondidos, o económicamente (des)protegidos y enviados por las mafias de turno…).

Con miedo, pero decididos  porque “quieren caminar hacia la luz”. Quizás hacia la luz de plástico del Norte que desean, o quizás huyendo de los estallidos “luminosos” de las mil bombas actuales  (las de la miseria y las otras) que les impiden ver la luna en  sus hogares de origen

Pero mientras muchos pájaros  emigran huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos lo mismo que hacen los dineros y los mercados… los caminos del éxodo humano no son libres

Por ejemplo los últimos  viajes : el de los ahogados, supervivientes, recogidos, rechazados, enfermos, cansados,  expulsados , curados , caídos, levantados  …     en el paso del estrecho.  Cual plumas de ave llevadas por el viento, sus frágiles pateras iban de un lado a otro . ¡ En Tarifa sopla muy fuerte ¡  Y nadie sabe realmente cuantos: desaparecidos, muertos, supervivientes….Heridos , devueltos, acogidos… embarazadas, adolescentes, niños y mujeres  ¡ que horror ¡ ¡ nadie lo sabe¡ Sabemos con dolor el número de nuestros parados . Pero de ellos…ni eso.

Y si os parece añadamos los que suben y bajan de la valla melillense , los rasgados, y detenidos, los que se caen por cansancio o por debilidad, los que  te miran y los que cierran los ojos… Subidas y bajadas, metas alcanzadas y abandonos a la espera de un nuevo salto . Escaladas y  caídas de otro montón de emigrantes estos días en Melilla

¿No saben que estamos en crisis? ¿ No saben que sufrirán los recortes, especialmente los sanitarios? ¡Pero si es lo que buscan : “nuestra crisis” ; debe ser que la “nuestra” es mejor que la “suya” ¡

El trabajo de la Iglesia con los emigrantes, como el de toda institución que tenga una responsabilidad en el servicio a los mismos, comienza en el país de procedencia de los propios emigrantes. A nadie se le oculta que los Estados y naciones más desarrolladas (España sigue siendo la cuarta potencia de la zona Euro y una de las quince primeras a nivel mundial en su PIB ) han de establecer una ayuda más generosa a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo. ¿ Hay que recordar que los compromisos están para cumplirlos? : El  0,7% del PIB y el Plan Millennium de erradicación del hambre siguen pendientes. Incluso deben aumentar las ayudas en orden a posibilitar la elevación del nivel de vida en todos los aspectos en aquellos países, de modo que se haga innecesaria la salida de quienes hoy carecen de lo más elemental.  En estos o parecidos términos se ha expresado la Iglesia muchas veces

Y al lado de esos millones de personas que han hecho ya el camino, hemos de ver a quienes esperan todavía la ocasión de hacerlo, ya sea bajo el amparo de las leyes, ya sea por las vías desprotegidas de la clandestinidad, bien porque los obliga a ello la necesidad, bien porque los anima un legítimo deseo de mayor prosperidad. No creo que se pueda saber cuántos son estos emigrantes de deseo. Aquí que los números son incalculables. Supongo que son muchísimos Con todo, paradojas de la gracia y del Espíritu, la comunidad eclesial sabe que, sin poder identificarlos, ha de trabajar igualmente con ellos por si puede ayudarles a Vivir. La fe hace posible que el corazón vea a un hermano allí donde los ojos han visto a un emigrante! .

Repito otra vez  aquel párrafo hermoso de Eduardo Galeano   quien descubre  a los emigrantes en inmensas caravanas, donde  marchan los fugitivos de la vida imposible. “Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente. Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar”.

Todos nosotros – como ellos – somos también peregrinos, andariegos con el farol de nuestra verdad en la mano :  Acercándonos al Misterio desvelado por Jesus de Nazaret.  Y muchas veces no sabemos qué hacer, pero al menos de una cosa estamos ciertos: de la necesidad que tenemos de caminar, de gastar estas fuerzas que, con afán incansable, nos empujan siempre hacia delante alargando  nuestras manos para que al menos la punta de los dedos les llegue a los que se hunden …. Y desde la mano abierta y las lagrimas que han estado surgiendo estos días adelante seguiremos caminando con oraciones y protestas . Por ejemplo la del Secretariado Diocesano de Migraciones de Cadiz que todos los años reúne en las playas gaditanas en una hermosa oración interreligiosa, a un montón de gente de las dos orillas , cogidos de la mano en una cadena que quisiera ser inmensa para cruzar el Estrecho :

Expresamos nuestra solidaridad y afecto a todos los familiares de los inmigrantes, al tiempo que expresamos el deseo de que todos los que vivimos y habitamos en las dos orillas, sigamos trabajando y colaborando con el objetivo de que El Paso del Estrecho sea un espacio de encuentro y de amistad entre los pueblos y sus ciudadanos y no un lugar de muerte, dolor y tragedia.

Exigimos de las respectivas autoridades (Reino de Marruecos, España y Unión Europea) que se hagan todos los esfuerzos necesarios para reorientar este flujo migratorio por cauces de dignidad y para que se fomente el desarrollo económico y democrático de tantos pueblos hermanos que tienen el derecho de vivir con dignidad en su propia patria. Ponemos en la presencia de Dios Padre a  los inmigrantes fallecidos y desaparecidos y a todos sus familiares y seguimos invocándolo para VENGA A NOSOTROS SU REINO DE JUSTICIA Y FRATERNIDAD.

Seguirán viniendo y encontrarán  nuestra crisis.  Victimas de ella. De nuestra crisis y de la crisis global   Son desahuciados de su casa- tierra-pueblo.  No han muerto porque sí. Como decía hace unos meses D. Ciriaco Benavente, Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones: Venimos arrastrando una crisis que está repercutiendo en todos los ámbitos y en todas las personas; menos, en quienes tienen las espaldas más cubiertas; más, en los más indefensos, que suelen ser los que siempre pagan el pato. Ya veis: los que para nuestro Padre Dios son los imprescindibles para la realización del Reino, son los que estorban en el reinado material del bienestar, cuando la tarta se achica.

Los que llegan, o se hunden en el mar no tienen las espaldas cubiertas, las tienen mojadas

O como decía la reciente Declaración de la CCXXV Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española : “Por su parte, las autoridades han de velar por que los costes de la crisis no recaigan sobre los más débiles, con especial atención a los inmigrantes, arbitrando más bien las medidas necesarias para que reciban las ayudas sociales oportunas.” O como dicen más adelante : Debemos ofrecerles “la caridad expresada en su dimensión política”

En estos viajes a algunos solo les espera la valla delante, el desierto  detrás… o el fondo de mar bajo sus pies. Y en muchos casos la muerte. Nosotros – contando con la mano fundamental  y sacrificada de la cooperación tendida a los países de origen- debemos ofrecerles si se acercan, la integración,  la comunión, y si han muerto la oración por  la resurrección en  Cristo que nos alimenta como  Pan de la Vida. Pan que nos dará la fuerza mientras esperamos, pedimos y construimos lo que el Santo Padre decía en la Jornada del emigrante  de este año : Las comunidades cristianas han de prestar una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana; la valoración de lo que enriquece recíprocamente, así como la promoción de nuevos programas políticos, económicos y sociales, que favorezcan el respeto de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia.

Deseos para hacerlos verdad tanto para los “espaldas mojadas” que cruzan el mar como  para los que las tienen secas en tierra por la crisis injusta y horrible que todos padecemos

Jose Luis Pinilla Martin s.j.

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